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Discurso del Presidente Trump en el Museo de Israel

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The White House
Office of the Press Secretary
For Immediate Release
May 23, 2017

 

Jerusalem

Gracias, primer ministro Netanyahu. Quiero agradecerles a usted y a Sara por acogernos durante la que ha sido una inolvidable visita a esta tierra tan especial. También quiero dar las gracias al presidente del consejo Itzik Molcho, a la directora en funciones Ayelet Shiloh Tamir y a la directora de operaciones Dalia Lazar, por recibirnos hoy en este extraordinario museo. Y gracias, embajador y Sra. Friedman por acompañarnos junto con unos muy buenos amigos que han viajado desde nuestro país hasta aquí para reafirmar los lazos inquebrantables que unen a los Estados Unidos e Israel.

Quiero comenzar estas palabras diciéndoles que los pensamientos y oraciones de todo el pueblo estadounidense están con las víctimas del atentado terrorista en Manchester, en el Reino Unido, y les damos el pésame a las muchas familias que han perdido a sus seres queridos. Decenas de personas inocentes y de hermosos niños han sido salvajemente asesinados en este atentado atroz contra la humanidad. Vuelvo a repetir que debemos expulsar a los terroristas y extremistas de nuestro entorno, destruir esta ideología maligna y proteger y defender a nuestros ciudadanos. Todas las naciones civilizadas deben unirse ante la meta de derrotar la amenaza mundial del terrorismo y aplastar esta detestable ideología que lo propulsa.

Es un privilegio estar presente en este museo nacional, en la antigua ciudad de Jerusalén, para dirigirme al pueblo israelí, y a todos los pueblos en el Oriente Medio que anhelan seguridad, paz y prosperidad.

Jerusalén es una ciudad sagrada. Su belleza, esplendor y patrimonio no existen en ningún otro lugar del mundo.

Los lazos que unen al pueblo judío a esta tierra sagrada son ancestrales y eternos. Datan de miles de años, años que comprenden los del reino del Rey David cuya estrella ahora ondea con orgullo en la bandera blanca y azul de Israel.

Ayer hice una visita al Muro de los Lamentos y quedé maravillado por ese monumento a la presencia de Dios y a la perseverancia del hombre: fue un honor para mí colocar mi mano sobre el muro y rogar por la sabiduría de Dios en ese lugar sagrado.

También visité y oré en la Iglesia del Santo Sepulcro, un lugar venerado por cristianos en todo en mundo. Deposité una corona de flores en Yad Vashem para honrar, llorar y recordar a los 6 millones de judíos que fueron asesinados durante el Holocausto. Prometí allí lo que de nuevo prometo hoy a todos los aquí presentes: NUNCA MÁS.

Israel es testimonio del espíritu inquebrantable del pueblo judío. Un único mensaje resuena desde todos los rincones de este gran país: un mensaje de esperanza.

A lo largo de los siglos, el pueblo judío ha sufrido persecución, opresión e incluso ha habido quienes han querido destruirlo. Pero a pesar de todo ello, ha resistido y ha prosperado.

Estoy impresionado por los logros del pueblo judío, y les prometo lo siguiente: mi gobierno siempre apoyará a Israel.

A través de sus adversidades, han creado una de las tierras con más abundancia del mundo. Una tierra que es rica no solo en historia, cultura y oportunidad, sino también especialmente rica de espíritu.

Este museo donde estamos reunidos hoy cuenta la historia de ese espíritu: desde los dos Templos hasta la gloriosa cumbre de Masada, vemos una extraordinaria historia de fe y perseverancia. Esa fe es lo que inspiró al pueblo judío a creer en su destino, a superar su desesperación y a labrarse aquí un futuro que otros no se atrevieron a soñar.

En Israel, no solo los judíos tienen libertad para cultivar la tierra, educar a sus hijos y rezarle a Dios en la tierra ancestral de sus antepasados, sino que los musulmanes, los cristianos y las personas de todos los credos tienen libertad para vivir y venerar conforme a su conciencia y para perseguir sus sueños.
Hoy, en esta reunión de amigos, hago un llamamiento a todas las personas –judíos, cristianos, musulmanes y a todas las confesiones, tribus y credos– para que nos inspiremos en esta antigua ciudad y dejemos de lado nuestras diferencias sectarias para superar la opresión y el odio y conferir a todos los niños la esperanza y la libertad y la dignidad cinceladas en nuestras almas.
Con anterioridad esta semana, hablé en una cumbre histórica en Arabia Saudita. Allí, insté a nuestros amigos del mundo musulmán a unirse a nosotros para crear estabilidad, protección y seguridad. Me sentí muy alentado por el deseo de muchos líderes de cooperar con nosotros en pos de esos objetivos tan importantes y compartidos. Los conflictos no pueden durar para siempre; la única pregunta es cuándo van a decidir las naciones que ya basta.

Esa cumbre histórica representa una nueva oportunidad para que todos en el Oriente Medio superen las divisiones sectarias y religiosas y se extingan los fuegos causados por el extremismo, y se hallen intereses comunes y responsabilidades conjuntas para forjar el futuro de esta región. El cambio debe producirse desde dentro.

Ninguna madre ni ningún padre quieren que sus hijos crezcan en un mundo donde los terroristas rondan libres, donde los alumnos son asesinados y donde se llevan a sus seres queridos. Ningún niño nace con prejuicios en su corazón. Nadie debería enseñar a los niños y a las niñas a odiar ni a matar.
Y no hay nación civilizada que pueda tolerar la matanza de inocentes con armas químicas.

Mi mensaje a los presentes en la cumbre fue el mismo que les quiero dar a ustedes: debemos formar una coalición de aliados que compartan el objetivo de acabar con el extremismo y la violencia y así proveer a nuestros hijos un futuro pacífico y esperanzador.

Pero un futuro esperanzador para los niños en el Oriente Medio exige que el mundo reconozca el papel esencial del estado de Israel.

Y, en nombre de los Estados Unidos, prometemos respaldarles y defender nuestros valores comunes para que juntos podamos derrotar al terrorismo y brindar seguridad a todos los hijos de Dios.

Los israelíes han sufrido por experiencia propia el odio y el terror causados por la violencia radical. Terroristas armados con cuchillos y bombas asesinan a israelíes. Hamás y Hizbulá lanzan cohetes hacia comunidades israelíes donde hay que enseñar a los alumnos a oír las sirenas y a correr a refugios contra bombardeos. El Estado Islámico tiene por objetivo las sinagogas, los comercios y los vecindarios judíos. Y los líderes de Irán rutinariamente llaman a destruir Israel.

A pesar de estos desafíos, Israel prospera como nación soberana, y ningún organismo internacional debería cuestionar los aportes que Israel realiza en la región.

Oremos hoy por esa paz, y por un futuro más esperanzador en todo el Oriente Medio.

Hay quienes presentan una opción falsa. Dicen que debemos escoger entre respaldar a Israel y respaldar a naciones árabes y musulmanas en la región. Esto es del todo falso. Todas las personas decentes quieren vivir en paz, y toda la humanidad se siente amenazada por los males del terrorismo. Naciones diversas pueden unirse con el objetivo de proteger vidas inocentes, respetar la dignidad humana y fomentar la paz y la estabilidad en la región. Mi gobierno está comprometido a forjar dicha alianza, y ya hemos logrado avances importantes durante este viaje.

Sabemos, por ejemplo, que tanto los israelíes como los palestinos desean vidas esperanzadoras para sus hijos. Y sabemos que la paz es posible si dejamos a un lado el dolor y los desacuerdos del pasado, y juntos nos comprometemos a resolver de una vez esta crisis que se ha prolongado durante casi medio siglo.
Como ya he señalado varias veces, me comprometo personalmente a ayudar a los israelíes y los palestinos a lograr un acuerdo de paz, y esta mañana me reuní con el presidente Mahmud Abás y les puedo informar que los palestinos están dispuestos a alcanzar la paz, y luego de mi reunión con Benjamín Netanyahu, les puedo decir que los israelíes también están dispuestos a alcanzar la paz.

Lograr la paz no será fácil. Todos lo sabemos. Ambos lados se enfrentarán a decisiones difíciles. Pero con valor, concesiones y la convicción de que la paz es posible, los israelíes y los palestinos pueden lograr un acuerdo. Pero aun cuando trabajemos para alcanzar la paz, nos fortaleceremos para defender nuestras naciones.

Los Estados Unidos están firmemente comprometidos a evitar que Irán fabrique un arma nuclear y a detener su apoyo a los terroristas y las milicias que causan tanto sufrimiento y caos en todo el Oriente Medio.

La alianza en materia de seguridad de los Estados Unidos con Israel es más sólida que nunca, y comprende el programa de defensa antimisiles Cúpula de Hierro, que ha protegido al pueblo de Israel de cohetes de corto alcance lanzados por Hizbulá y Hamás. Y la Honda de David, que protege contra misiles de largo alcance. Espero que en un día no muy lejano los niños israelíes puedan dejar de tener que correr hacia un refugio al sonido de sirenas.

Finalmente, los Estados Unidos están muy orgullosos de que los pilotos de la Fuerza Aérea de Israel piloten nuevos aviones F 35 estadounidenses para defender a su nación, y fue maravilloso ver a estas poderosas aeronaves en el cielo israelí hace poco durante la celebración del 69o aniversario de la independencia de Israel.

Pero aún cuando reforcemos nuestra alianza en la práctica, recordemos siempre cuáles son nuestros más importantes ideales: no olvidemos nunca que el vínculo que une a nuestras naciones está arraigado en los corazones de nuestros pueblos, así como su amor por la libertad, la esperanza y la dignidad para todos.

Soñemos con un futuro donde los niños judíos, musulmanes y cristianos puedan crecer y vivir juntos con confianza, armonía, tolerancia y respeto para cada hombre y cada mujer.

Los valores que se practican en Israel han inspirado a millones de personas en el mundo entero.

La convicción de Theodor Herzl es cierta hoy día: «y todo lo que intentemos realizar por nuestro propio bienestar redundará poderosamente en el bien de la humanidad».

Mientras estamos aquí en Jerusalén, vemos a peregrinos de todos los credos que vienen a este lugar a caminar por esta tierra santa.

Los judíos colocan en los bloques de piedra del Muro de los Lamentos oraciones que nacen de sus corazones.

Los cristianos oran en los bancos de una iglesia antigua.

Los musulmanes responden la llamada a la oración en sus lugares santos.
Esta ciudad, como ninguna otra en el mundo, revela el anhelo del corazón humano: conocer y venerar a Dios.

Jerusalén sirve de recordatorio de que la vida puede prosperar a pesar de todo.
Cuando miramos alrededor de esta ciudad y vemos a personas de todos los credos participando en oración respetuosa, y a alumnos aprendiendo juntos, y a hombres y mujeres ayudando a los necesitados y olvidados, vemos que la promesa de Dios de curación ha traído bondad a muchas vidas. Vemos que las personas de esta tierra tuvieron el valor de superar la opresión e injusticia del pasado y vivir en la libertad que Dios pretende para cada persona en este planeta.

Hoy, en Jerusalén, oramos y esperamos que los niños en todo el mundo pronto puedan vivir sin temor, soñar sin límites y prosperar sin violencia. Pido que esta tierra de promesas se una a mí para luchar contra nuestros enemigos comunes, dedicarnos a nuestros valores compartidos y proteger la dignidad de cada hijo de Dios.

Gracias. Que Dios los bendiga. Que Dios bendiga al Estado de Israel. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

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Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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