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Comentarios del Presidente Trump en la Conmemoración del 11 de septiembre

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La Casa Blanca
Oficina del Secretario de Prensa
Para su divulgación inmediata
11 de septiembre de 2017

El Pentágono
Arlington, Virginia

9:49 A.M. HORA DE VERANO DEL ESTE

EL PRESIDENTE: Gracias, General. Muchas gracias, damas y caballeros.

Quiero darles las gracias, Secretario Mattis, General Dunford, miembros del Gabinete, miembros de las Fuerzas Armadas, servicios de primera respuesta y, lo que es más importante, a las familias y los sobrevivientes: Es un honor unirme a ustedes en esta ocasión tan tan solemne. Esta es una ocasión extraordinaria, y siempre será extraordinaria.

Antes de comenzar, me gustaría enviar las oraciones de nuestra nación a todos los que están en el camino del huracán Irma y a todos los que sufren por la devastación del huracán Harvey. Estas son tormentas de gravedad catastrófica y estamos recolectando todos los recursos del gobierno federal para ayudar a nuestros compatriotas estadounidenses en Florida, Alabama, Georgia, Texas, Louisiana, Tennessee y todos esos maravillosos lugares y estados en peligro.

Cuando los estadounidenses están necesitados, los estadounidenses se unen y somos un solo país. Y cuando nos enfrentamos a las dificultades, emergemos más unidos, más fuertes y más determinados que nunca.

Estamos hoy aquí reunidos para recordar una mañana que comenzó de una manera muy parecida a esta. Los padres dejaron a sus hijos en la escuela. Los viajeros estaban en la línea en los aeropuertos y se preparaban para subir a los aviones. Aquí en el Pentágono y en las oficinas de todo el país, la gente comenzaba sus reuniones tempranas.

Entonces, todo nuestro mundo cambió. Estados Unidos estaba siendo atacado. Primero en el World Trade Center, después aquí en el Pentágono y luego en Pensilvania. El horror y la angustia de aquel día oscuro quedaron grabados en nuestra memoria nacional para siempre. Fue el peor ataque a nuestro país desde Pearl Harbor y mucho peor, porque se trató de un ataque contra civiles, hombres, mujeres y niños inocentes cuyas vidas fueron cortadas tan innecesariamente.

Para las familias que están con nosotros en este aniversario, sabemos que no pasa un solo día sin que piensen en los seres queridos robados de sus vidas. Hoy, nuestra nación entera llora con ustedes y con cada familia de las 2,977 almas inocentes que fueron asesinadas por terroristas hace 16 años.

Cada familia aquí hoy representa a un hijo o una hija, una hermana o un hermano, una madre o un padre, que les fueron arrebatados en ese día terrible, terrible. Pero ninguna fuerza en la Tierra puede quitarles sus recuerdos, disminuir su amor ni romper su voluntad de resistir y continuar y seguir adelante. Aunque nunca podamos borrar su dolor, ni traer de vuelta a los que perdimos, podemos honrar su sacrificio comprometiendo nuestra determinación de hacer lo que sea necesario para mantener a nuestra gente a salvo. (Aplausos).

Ese día, no solo cambió el mundo, sino que todos cambiamos. Nuestros ojos se abrieron a las profundidades del mal que enfrentamos. Pero en esa hora de tinieblas, también nos unimos con un renovado propósito. Nuestras diferencias nunca han parecido tan pequeñas, nuestros lazos comunes nunca se han sentido tan fuertes.

El terreno sacrificado [santificado] sobre el que estamos hoy es un monumento a nuestra unidad nacional y a nuestra fuerza. Durante más de siete décadas, el Pentágono se ha mantenido como un símbolo mundial del poder estadounidense. No solo por el gran poder contenido en estas salas, sino por el increíble carácter de las personas que las llenan. Estas aseguran nuestra libertad, defienden nuestra bandera y apoyan a nuestras valientes tropas en todo el mundo.

Entre los 184 valientes estadounidenses que perecieron aquí había jóvenes miembros del servicio militar alistados, funcionarios dedicados que habían trabajado aquí durante décadas y veteranos que sirvieron a nuestra nación en Corea, Vietnam y Oriente Medio. Todos ellos amaron a este país y comprometieron sus vidas para protegerlo.

Esa mañana de septiembre, cada uno de esos valientes estadounidenses murieron como habían vivido: como héroes cumpliendo con su deber y protegiéndonos a nosotros y a nuestro país. Lloramos su pérdida, los honramos y nos comprometemos a nunca jamás olvidarlos. (Aplausos).

También recordamos y apreciamos las vidas de los estadounidenses amados que abordaron el vuelo 77 en el Aeropuerto de Dulles esa mañana. Cada uno de ellos tenía una familia, una historia y hermosos sueños. Cada uno de ellos tenían gente a la que amaban y que les amaban. Y todos dejaron atrás un vacío profundo que una vez llenó su calidez y gracia tan completa y bellamente.

El alma viva de Estados Unidos lloraba de dolor por cada vida perdida ese día. Hemos derramado nuestras lágrimas en su memoria, comprometido nuestra devoción en su honor y convertido nuestra pena en una resolución imparable para lograr la justicia en su nombre.

Los terroristas que nos atacaron pensaron que podían incitar al miedo y debilitar nuestro espíritu. Pero Estados Unidos no puede ser intimidado y los que lo intentan pronto se unirán a la larga lista de enemigos vencidos que se atrevieron a poner a prueba nuestro temple. (Aplausos).

En los años posteriores al 11 de septiembre, más de 5 millones de hombres y mujeres jóvenes se han unido a las filas de nuestras grandes fuerzas militares para defender a nuestro país contra las bárbaras fuerzas del mal y la destrucción. Las fuerzas estadounidenses están persiguiendo y destruyendo sin cesar a los enemigos de toda la gente civilizada, asegurando -y estos son enemigos horribles, horribles- enemigos como nunca antes hemos visto. Pero nos estamos asegurando de que nunca más tengan un lugar seguro para lanzar ataques contra nuestro país. Estamos dejando claro a estos asesinos salvajes que no hay ningún rincón oscuro más allá de nuestro alcance, ningún santuario más allá de nuestro alcance y que no tienen ningún lugar donde esconderse en ninguna parte de esta Tierra tan grande.

Desde el 11 de septiembre, casi 7,000 miembros del servicio militar han dado sus vidas luchando contra los terroristas por todo el mundo. Algunos de ellos descansan un poco más allá de esta valla, en el santuario de los héroes de nuestra nación, en los terrenos del Cementerio Nacional de Arlington. Vinieron de todos los orígenes, de todas las razas, de todas las religiones, pero estaban todos allí para dedicar sus vidas, y defender nuestra gran bandera estadounidense. (Aplausos).

Ellos -y toda persona que se pone el uniforme- tienen el amor y la gratitud de toda nuestra nación.

Hoy, mientras estamos en este terreno sagrado, se nos recuerda la eterna verdad de que cuando Estados Unidos está unido, ninguna fuerza en la Tierra puede separarnos: ninguna fuerza.

En la mañana del 11 de septiembre, el oficial de policía Isaac Ho’opi’i del Pentágono y -una persona especial- fue uno de los muchos héroes cuyo amor por sus compatriotas estadounidenses no tenía límites. Estaba a una milla de distancia cuando recibió la llamada por radio de que un avión se había estrellado contra el Pentágono. Se dirigió velozmente a la escena y corrió hacia el humo y el fuego. Pocas personas lo habrían hecho. Se agachó bajo los cables eléctricos vivos y caminó a través de los charcos de combustible para reactores a pocos pasos de chispas y llamas viciosas.

En la oscuridad total, comenzó a llamar a las personas que necesitaban ayuda. Isaac oyó débiles voces y quiso contestar a esas débiles voces. Uno a uno, sacó a la gente de los escombros ardiendo. Continuó regresando a la oscuridad ardiente, llamando a cualquiera que pudiera oír, a cualquiera que estuviera vivo. Salvó a unas 20 personas que habían seguido su voz; él mismo cargó a ocho.

Durante casi 36 horas, Isaac siguió salvando vidas, sirviendo a nuestra nación y protegiendo nuestra seguridad en nuestra hora de necesidad. Y hoy, Isaac sigue haciendo exactamente eso. Isaac todavía trabaja en el Pentágono, ahora como sargento. Ahora está de servicio y se ha unido a nosotros hoy para la ceremonia. Y esta mañana, todos nosotros -y todo Estados Unidos- agradecemos a Isaac por su servicio. ¿Dónde está Isaac? (Aplausos.) Gracias. Gracias, Isaac. Gracias.

Para Isaac y para cada personal de respuesta inmediata y sobrevivientes del ataque, usted continúa el legado de los amigos que perdió. Usted mantiene vivo el recuerdo de los que perecieron. Y hace que Estados Unidos se sienta orgulloso – muy, muy orgulloso.

A los miembros de las familias que están con nosotros hoy, sé que es con un corazón dolorido y una gran tristeza que vuelven a este lugar. Pero al hacerlo, al optar por perseverar a través del dolor, la pena, honran a sus héroes, renuevan nuestro valor y nos dan fuerzas a todos. Realmente lo hacen. Nos fortalecen a todos.

Aquí en el lado oeste del Pentágono, los terroristas intentaron romper nuestra determinación. No va a ocurrir. Pero donde dejaron una marca con fuego y escombros, los estadounidenses levantaron desafiantes las barras y estrellas – nuestra hermosa bandera que durante más de dos siglos ha adornado nuestros barcos, volado en nuestros cielos y llevado a nuestros valientes héroes a la victoria tras la victoria en la batalla. La bandera que nos une a todos como estadounidenses que aprecian nuestros valores y protegen nuestro modo de vida. La bandera que nos recuerda hoy quiénes somos, qué defendemos y por qué luchamos.

Tejida en esa hermosa bandera está la historia de nuestra determinación. Hemos superado cada desafío -cada desafío, cada uno de ellos- hemos triunfado sobre todo el mal y hemos permanecido unidos como una nación bajo Dios. Estados Unidos no se arrodilla. No flaqueamos. Y jamás, nunca cederemos.

Así que aquí en esta conmemoración, con corazones tristes y decididos, honramos a todos los héroes que nos mantienen seguros y libres, y nos comprometemos a trabajar juntos, luchar juntos y vencer juntos a cada enemigo y obstáculo que aparezca en nuestro camino.

Nuestros valores perdurarán. Nuestro pueblo prosperará. Nuestra nación prevalecerá. Y el recuerdo de nuestros seres queridos nunca jamás morirá.

Gracias. Que Dios los bendiga. Que Dios bendiga por siempre al gran Estados Unidos de América. Muchas gracias. (Aplausos).

FIN        10:04 A.M. HORA DE VERANO DEL ESTE

 


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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