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En la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre no proliferación nuclear

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Departamento de Estado de los Estados Unidos
Oficina de la portavoz
Para difusión inmediata

21 de septiembre de 2017

Declaraciones
Secretario del Departamento de Estado, Rex Tillerson

Las Naciones Unidas
Ciudad de Nueva York, Estado de Nueva York

 

 

 

SECRETARIO TILLERSON:  Bueno, buenas tardes. Agradezco la oportunidad de dirigirme al Consejo de Seguridad nuevamente y agradezco al presidente de este mes, Etiopía.

Los miembros del Consejo de Seguridad hablan frecuentemente acerca de las amenazas a la seguridad mundial.

El tema central de la reunión de hoy del Consejo de Seguridad tiene implicancias mundiales: la proliferación nuclear.

En un momento cuando puñaladas, bombas mal construidas y camiones lanzados contra multitudes de hombres, mujeres y niños inocentes son frecuentemente las armas que nuestros enemigos eligen para atacarnos, es fácil ser complacientes y ver la amenaza del ataque nuclear como una reliquia de la guerra fría.

La amenaza de un ataque nuclear sigue siendo una triste realidad.  Los que causarían tal horrendo escenario representan una amenaza única a la seguridad de las naciones que aman la paz.

El desafío para cada uno de nosotros es, “¿cómo podemos disminuir la amenaza de las armas nucleares, no solamente para nuestras naciones, sino para todo el mundo?”

Hoy desearía plantear cuatro puntos:

El primero es resaltar las trayectorias positivas de las naciones que voluntariamente han renunciado a las armas nucleares.

El segundo es enfatizar la responsabilidad moral que significa poseer armas nucleares, y la enorme responsabilidad que acompaña ser los guardianes de tan devastadoras armas, así como de las tecnologías y los materiales nucleares que las componen.

El tercero es aclarar que la adquisición de armas nucleares no proporciona seguridad, prestigio ni otros beneficios, sino que representa el camino hacia el aislamiento y el sometimiento a una inspección intensa de seguridad por parte de la comunidad internacional, ya que las potencias nucleares responsables contrarrestarán tales amenazas inciertas e impredecibles.

Finalmente, todas las naciones, pero particularmente las potencias nucleares actuales, deben reafirmar su compromiso con prácticas confiables de seguridad nuclear y esfuerzos robustos y eficaces de no proliferación con el fin de mantener las armas nucleares y los materiales y tecnología asociados fuera de las manos de naciones irresponsables, terroristas y actores no gubernamentales.

Existen precedentes históricos de naciones que han abandonado sus programas y arsenales de armas nucleares por interés propio.  Bielorrusia, Kazajistán, Sudáfrica y Ucrania sopesaron los riesgos y responsabilidad de las armas nucleares y tomaron la decisión de eliminar sus programas nucleares o renunciaron a sus armas nucleares.  Al terminar el régimen de segregación racial en Sudáfrica, los líderes del país eliminaron sus armas nucleares y se unieron al Tratado de No Proliferación Nuclear como un estado sin armas.  Después de la disolución de la Unión Soviética, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania voluntariamente renunciaron a su arsenal de armas nucleares que el colapso soviético legó a sus territorios.  Y, a través de los años, varios otros países abandonarían los esfuerzos clandestinos de desarrollo de armas nucleares cuando fueron reafirmados por los Estados Unidos y otros países que sus relaciones con nosotros y la comunidad internacional les permitía satisfacer sus necesidades de seguridad nacional sin dichas herramientas.

La República de Kazajistán  es un ejemplo particularmente ilustrativo de la sabiduría de renunciar a las armas nucleares.

En asociación con los Estados Unidos, y con la ayuda de la Ley sobre la reducción cooperativa de amenazas liderada por los senadores estadounidenses Sam Nunn y Richard Lugar, Kazajistán   optó por retirar de su territorio las armas y la tecnología nuclear relacionada que antes era de la Unión Soviética y se unieron al Tratado de No Proliferación Nuclear como un estado sin armas nucleares.  Esta decisión valiente de los líderes de Kazajistán redujo significativamente la posibilidad de que armas nucleares, los componentes de armas nucleares o los materiales nucleares y las tecnologías de doble uso caigan en manos equivocadas.  Las armas nucleares introdujeron complejidad en las relaciones con otros países e introdujeron el riesgo de cálculo erróneo, accidente o escalamiento.

Las acciones de Kazajistán representaron el paso clave en ese país para convertirse en parte de la comunidad de naciones.  Como resultado de abandonar las armas nucleares, el mundo no mira a Kazajistán como un potencial agresor nuclear ni estado villano.  No convirtió en enemigos a sus estados vecinos nucleares, Rusia o China.  Hoy Kazajistán ha estado totalmente en paz con sus vecinos y sus relaciones comerciales son robustas.  Este año, el país organizó World Expo 2017, un evento en Astaná, en el que se presentaron las fuentes de energía futura y las oportunidades de inversión en Kazajistán a los participantes de todo el mundo.  Esta es una nación moderna que hace un aporte sustancial a la paz y prosperidad regional e internacional.  Kazajistán solamente se ha beneficiado de su temprana decisión.

En mi carrera anterior, me reuní con el presidente Nazarbayev en muchas ocasiones y tuve la oportunidad de preguntarle acerca de esta decisión. Él está en paz con su decisión más que nunca.  Una vez me comentó, “fue lo mejor que hice para nuestro joven país”.

Ucrania tomó una decisión valiente parecida. Después de la incursión de Rusia, incursión dentro de su territorio en Crimea y Ucrania del este, una violación del compromiso de Moscú establecido en el Memorándum de Budapest, los líderes de Ucrania reafirmaron nuevamente la sabiduría de su decisión de retirar las armas nucleares. Sus amigos y aliados rápidamente fueron en su ayuda en respuesta a esta violación de su soberanía con un conjunto fuerte y unificado de sanciones contra Rusia y están firmemente comprometidos a terminar este conflicto mediante la implementación de los acuerdos de Minsk.

Al rechazar el poder de las armas nucleares, estas dos orgullosas naciones están en mejor posición de la que habrían estado de otra manera. Redujeron el peligro de conflicto nuclear y ayudaron a reducir las probabilidades de que dichas capacidades caigan en las manos de terceras partes irresponsables.

Como la única nación en el mundo que ha usado armas nucleares en una guerra, los Estados Unidos tienen la pesada responsabilidad de ejercer una administración apropiada de las armas nucleares y liderar el trabajo con otras naciones para reducir los peligros nucleares mundiales.

Es una bendición y quizás de muchas maneras un milagro, que las armas nucleares no se hayan usado nunca más.  Todas las naciones del mundo rezan para que no nunca más se usen.  La experiencia es una dura pero sabia maestra y nos ha enseñado a todos la severa responsabilidad moral que acompaña la posesión de armas nucleares.

Los Estados Unidos se apoyan en la disuasión nuclear no solamente con el propósito de defender nuestra propia seguridad sino también la de nuestros aliados que de otra manera podrían sentir la necesidad de adquirir ellos mismos tales armas.  Dicha disuasión y dichas relaciones han contribuido a que no haya guerra entre las grandes potencias desde 1945 y efectivamente al hecho de que las armas nucleares nunca más se hayan vuelto a utilizar.

Somos afortunados de que John F. Kennedy y Nikita Khrushchev, al pararse al borde de un holocausto nuclear durante la guerra fría, llegaron a un entendimiento común del terrible e inmenso poder de las armas nucleares. Cuando la extinción de la raza humana era una amenaza debido a la crisis de los misiles en Cuba, la emoción dominante era el miedo.  Las armas nucleares no dieron tranquilidad a los hombres más poderosos del mundo, pero dejaron en claro la necesidad de minimizar el riesgo de que otra vez se repita la posibilidad de acercarse a una catástrofe nuclear al permitir que las capacidades nucleares se extiendan más.

Solamente esta semana, el mundo se enteró del fallecimiento de un personaje poco conocido pero importante en la historia de la guerra fría.  Su nombre es Stanislav Petrov, y se le conoce algunas veces como “el hombre que salvó al mundo”.  En 1983, Petrov era un oficial del ejército soviético en un centro de alerta nuclear temprana cuando sus computadoras detectaron un lanzamiento masivo de misiles nucleares desde los Estados Unidos.  Él dijo, “yo tenía toda la información que sugería” que era verdad.  Dijo, “si hubiera enviado mi informe a los altos mandos, nadie habría dicho una palabra para contradecirlo”.  Dijo, “todo lo que tenía que hacer era tomar el teléfono y conectarme en línea directa con los altos mandos, pero no podía moverme.  Sentí como si estuviera sentado en una sartén”.  Petrov intuyó que la computadora había cometido un error y, afortunadamente, tuvo razón de que era una falsa alarma.  En lugar de avisar a sus comandantes que se preparen para un contraataque nuclear inmediato, llamó al cuartel general del ejército e informó sobre un desperfecto en el sistema.  Este episodio ilustra cuán elevado es el factor de riesgo con las armas nucleares, especialmente cuando las decisiones de utilizarlas se confían o podrían confiarse a tecnologías que son algunas veces no confiables o al juicio humano falible.  Los países que quieren poseer armas nucleares deben preguntarse:  ¿Estoy preparados para manejar este tipo de escenario en mi propio país?

La historia de la crisis de los misiles en Cuba y el desperfecto en el sistema de alerta temprana de Rusia ilustran cuán desafiante puede ser, hasta para los países con mayor experiencia y con el más sofisticado sistema nuclear, controlar los peligros nucleares.

Los regímenes perversos no aprecian las responsabilidades inherentes en las armas nucleares.  Desean desarrollar o expandir su arsenal de armas nucleares en lo que reclaman es por razones de seguridad, pero de hecho desean utilizar dichas herramientas para intimidar y forzar a sus vecinos y desestabilizar sus regiones. Dichas adquisiciones arriesgan la creación de un espiral de escalamiento de inestabilidad y conflicto regional o mundial, no solamente como resultado directo de su propia proliferación, sino también al incentivar a otras naciones a que empiecen sus propios programas de armas nucleares en respuesta.  En tales circunstancias, las armas nucleares no son instrumentos de disuasión mutua y estabilidad estratégica, sino herramientas de desestabilización.

Los regímenes villanos pueden haberse convencido a sí mismos de que buscan poseer armas nucleares para afirmar y asegurar su seguridad y prestigio, pero, de hecho, las armas nucleares más probablemente debiliten ambos.  Hay una muy buena razón por la que casi todos los países del mundo se han unido al Tratado de No Proliferación: todos los firmantes pueden saber que en el futuro no enfrentarán la amenaza de una catástrofe nuclear desde ninguna dirección.

Si los potenciales países que desean proliferar buscan seguridad o mejorar su posición en el mundo o mejorar la prosperidad de sus ciudadanos y la esperanza de que su nación tenga un futuro más brillante, la proliferación no les proporcionará dichas cosas. Hay muchas mejores y probadas maneras para las naciones de afirmar y mejorar su posición, como profundizar su integración comercial con el resto del mundo, adherirse a los estándares y acuerdos internacionales y participar en actividades humanitarias.

La península coreana sirve como un buen ejemplo de estos diferentes caminos.  Mientras que Corea del Norte ha rechazado a la comunidad internacional y dejado que su nación pase hambre mientras buscan el desarrollo de armas nucleares, Corea del Sur ha optado por no poseer armas nucleares y está plenamente integrada con la comunidad internacional.  Como resultado, Corea del Sur se ha convertido de una de las grandes potencias económicas del mundo, con un PIB más de 100 veces mayor que el de su vecino en el norte.  En comparación, aunque Corea del Norte pueda suponer que las armas nucleares garantizarán la sobrevivencia de su régimen, en verdad las armas nucleares claramente están conduciendo solamente a un mayor aislamiento, ignominia y privación.   Las amenazas continuas contra nosotros, contra nosotros, los Estados Unidos y, ahora, toda la comunidad mundial, no traerán seguridad para el régimen, en vez de ello, fortalecerán nuestra resolución colectiva y nuestro compromiso para detener la agresión norcoreana.

Corea del Norte es caso de estudio de por qué las naciones deben trabajar para preservar y fortalecer las normas globales de no proliferación nuclear.  Al mirar hacia el futuro, el historial de la comunidad internacional de hacer cumplir las obligaciones y compromisos de no proliferación nuclear no es lo que necesitamos que sea.  Parcialmente es por falta de dicha rendición de cuentas que nos encontramos en la situación que estamos con Corea del Norte en este momento.  Aunque se unió al Tratado de No Proliferación Nuclear a mediados de la década de los ochenta, Corea del Norte nunca cumplió plenamente con el tratado y engañó en cada acuerdo subsiguiente diseñado para remediar la falta de cumplimiento y detener la amenaza nuclear que ahora representa.

También hay lecciones a este respecto con relación a Irán, que estaba en su propio camino para desarrollar armas nucleares, en violación del Tratado de No Proliferación Nuclear y sus propias obligaciones de salvaguardia nuclear, así como múltiples resoluciones legalmente vinculantes del Consejo de Seguridad de la ONU.  Irán parece insistir en preservar la opción para reiniciar dichos esfuerzos en el futuro, aún cuando está auspiciando el terrorismo internacional, desarrollando sistemas de misiles para lanzar armas nucleares y desestabilizando a sus vecinos en una búsqueda peligrosa de hegemonía regional.

Las responsabilidades colectivas de enfrentar tales desafíos de proliferación nuclear requieren que hagamos más. Como el presidente Trump dijo en su discurso el martes, “si queremos aprovechar las oportunidades del futuro y superar los peligros actuales juntos, no hay sustituto para naciones soberanas e independientes”. Como naciones fuertes, soberanas e independientes, debemos trabajar juntos, bilateralmente, regionalmente y mundialmente para detener la marea de proliferación nuclear. Estados soberanos actuando al unísono producirán un bien mundial.

Especialmente urgimos que Rusia examine cómo puede apoyar mejor los esfuerzos mundiales de no proliferación nuclear. Como los dos estados nucleares más poderosos del mundo, Rusia y los Estados Unidos comparten la más grande responsabilidad de defender las normas de no proliferación y detener la expansión adicional de armas nucleares.  Hemos cooperado bien antes: los Estados Unidos y la Unión Soviética trabajaron juntos estrechamente en preparar la mayor parte del texto que se convirtió en el Tratado de No Proliferación, que ayudó a mantener la proliferación bajo control durante la guerra fría.  Washington y Moscú hicieron esto no obstante su propia rivalidad durante la guerra fría y los muchos problemas en su relación bilateral.  En la era después de la guerra fría, Rusia trabajó arduamente para mejorar el control de su arsenal nuclear dispersado a través de la ex Unión Soviética y nosotros colaboramos estrechamente, mediante el programa Nunn-Lugar, con el fin de reducir el riesgo de que armas o material caigan en las manos de personas que desean la proliferación o terroristas.

Desafortunadamente, en años recientes, Rusia frecuentemente ha actuado de maneras que debilitan las normas internacionales y debilitan los esfuerzos para hacer que las naciones cumplan sus responsabilidades.  Los ejemplos incluyen la violación de sus propias obligaciones según el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, desobedeciendo las garantías de seguridad que hizo al fin de la guerra fría, impidiendo esfuerzos para construir sobre el legado de esfuerzos internacionales pasados sobre seguridad nuclear y buscando debilitar la independencia del Organismo Internacional de Energía Atómica para investigar los programas nucleares clandestinos.  Si Rusia desea restablecer su papel como un actor con credibilidad en la resolución de la situación con Corea del Norte, puede probar sus buenas intenciones cumpliendo sus compromisos con los esfuerzos internacionales establecidos sobre seguridad y control de armamento nuclear.

La cooperación con China también es esencial si la comunidad internacional va a controlar las amenazas nuclear y de misiles de Corea del Norte y evitar una espiral catastrófica de inestabilidad y conflicto en la península coreana.  Si China verdaderamente desea desnuclearizar la península coreana, con el fin de promover la estabilidad, y evitar el conflicto en esa sensible región, muy cerca de su propia frontera, ahora es el momento de trabajar con el resto de nosotros, el resto de la comunidad internacional, con el fin de imponer el tipo de presión sobre Corea del Norte que cambie su cálculo estratégico antes que sea demasiado tarde.

Y, finalmente, debemos estar plenamente conscientes de que hay actores no gubernamentales que nunca cumplirán con las normas internacionales que reglamentan las armas nucleares.

Sus ataques terroristas a gran escala, las decapitaciones, crucifixiones, quemaduras, violaciones sexuales, torturas y los actos de esclavización exponen a ISIS, al-Qaeda y otros grupos como aquellos que buscan la gloria mediante la muerte y destrucción.

Su afán de cometer atrocidades deja en claro que, si tienen la oportunidad, causarían muerte y destrucción en una mayor escala.

Y no hay escala más grande que un ataque nuclear contra una de las ciudades del mundo.  Muchos grupos yihadistas aspiran a detonar un dispositivo nuclear en el corazón de una metrópolis en auge.  Su misión es matar a nuestra gente y lanzar al mundo en un espiral descendente.  Nunca debemos permitirlo.

Debemos continuar trabajando para controlar las tecnologías, planos y materiales nucleares en su origen e interrumpir las redes de proliferación nuclear.

Debemos profundizar el intercambio de información entre organismos de inteligencia con el fin de identificar actores e identificar cuándo los materiales nucleares han sido o pueden haber sido destinados a usos ilegítimos.

Y debemos reavivar la práctica de crear oportunidades alternativas profesionales y de trabajo para los expertos nucleares de manera que no vendan sus destrezas en el mercado negro.

Pero, en última instancia, la mejor manera de detener a los yihadistas en su búsqueda de armas nucleares es destruyéndolos mucho antes que puedan alcanzar su meta.

Ya sea en el campo de batalla, en las calles o en internet, no debemos darle cuartel al terrorismo.

Debemos permanecer siempre vigilantes contra la expansión de ISIS y otros grupos islamistas en otros lugares, ya sea en África, Asia, Europa o en otras partes.

Uno de los grandes éxitos de la campaña de la Coalición para derrotar a ISIS en Iraq y Siria ha sido desplazar a ISIS de sus previos refugios en los que libremente podían idear ataques contra blancos en todo el mundo.  Estos esfuerzos deben continuar.

Como un organismo comprometido con la seguridad, debemos tratar la proliferación nuclear con la gravedad que se merece.

Para aquellos de nosotros en el Consejo de Seguridad, contrarrestar las amenazas nucleares empieza con hacer cumplir plenamente las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que todos los estados miembros están obligados a cumplir.  Para asegurar que todas las naciones pueden cumplir su papel, debemos continuar trabajando para lograr la implementación plena y eficaz de la resolución 1540 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero simplemente firmar tratados y aprobar resoluciones no es suficiente.  Detener la proliferación nuclear también implica utilizar otras influencias de poder, ya sean diplomáticas, económicas, digitales, morales o, si es necesario, militares.

En última instancia, cada uno tiene la responsabilidad soberana de asegurar que el mundo esté libre de una guerra nuclear, las secuelas de lo cual traspasarían todas las fronteras.

Los Estados Unidos continuarán deteniendo, trabajando para detener la proliferación de armas nucleares.  Pedimos a todas las naciones amantes de la paz que se nos unan en esta misión.

Gracias.


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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