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Declaraciones del Presidente Trump ante la Asamblea Nacional de la República de Corea

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La Casa Blanca
Secretaría de Prensa
8 de noviembre de 2017

 

Edificio de la Asamblea Nacional
Seúl, República de Corea
11:24 horas (hora de Corea del Sur

Presidente de la Asamblea Chung, distinguidos miembros, damas y caballeros:

Gracias por el extraordinario privilegio de hablar en esta gran cámara y de dirigirme a su pueblo en nombre del pueblo de los Estados Unidos de América.

En el corto tiempo que hemos estado en su país, Melania y yo hemos quedado impresionados por sus maravillas antiguas y modernas, y estamos profundamente conmovidos por su cálida bienvenida.

Anoche, el presidente y la Sra. Moon nos mostraron una increíble hospitalidad en una hermosa recepción en la Casa Azul. Tuvimos productivos diálogos sobre el aumento de la cooperación militar y la mejora de la relación comercial entre nuestros países basada en el principio de equidad y reciprocidad.

Durante toda esta visita, ha sido un placer y un honor para nosotros crear y celebrar la larga amistad entre Estados Unidos y la República de Corea.

Esta alianza entre nuestros países se forjó en el crisol de la guerra y se fortaleció con las pruebas de la historia. Desde los desembarcos de Inchon hasta la colina de Pork Chop, los soldados estadounidenses y surcoreanos han luchado juntos, se han sacrificado juntos y han triunfado juntos.

Hace casi 67 años, en la primavera de 1951, recapturaron lo que quedaba de esta ciudad en la que estamos reunidos hoy con tanto orgullo. Fue la segunda vez en un año que nuestras fuerzas combinadas enfrentaron gran cantidad de bajas para recuperar esta capital de los comunistas.

Durante las semanas y meses que siguieron, los hombres pasaron por escarpadas montañas y sangrientas, sangrientas batallas. Aunque tuvieron que retroceder a veces, se abrieron paso hacia el norte, para formar la línea que hoy divide a los oprimidos y los libres.

Y allí, las tropas estadounidenses y surcoreanas se han mantenido, sosteniendo juntas esa línea durante casi siete décadas.

Para cuando se firmó el armisticio en 1953, más de 36.000 estadounidenses habían muerto en la Guerra de Corea, y había más de 100.000 otros heridos. Son héroes y les rendimos homenaje. También honramos y recordamos el terrible precio que pagaron las personas de su país por su libertad. Ustedes perdieron cientos de miles de valientes soldados e incontables civiles inocentes en esa espantosa guerra.

Gran parte de esta gran ciudad de Seúl quedó reducida a escombros. Grandes porciones del país quedaron marcadas y gravemente, gravemente heridas por la guerra. La economía de esta nación fue demolida.

Pero como el mundo entero sabe, durante las siguientes dos generaciones, algo milagroso sucedió en la mitad sur de esta península. Familia a familia, ciudad a ciudad, la población de Corea del Sur convirtió este país en el que es hoy: uno de los más grandes países del mundo, y les felicito. En menos de una vida, Corea del Sur escaló de la devastación total a ser uno de los países más ricos del mundo.

Hoy, su economía es más de 350 veces más grande que lo que era en 1960. El comercio se ha multiplicado  1900 veces. La esperanza de vida aumentó de solo 53 años a más de 82 años en la actualidad.

Como Corea, y desde mi elección hace justo un año ahora, celebro con ustedes. Estados Unidos mismo está pasando por algo como un milagro; nuestro mercado de valores está más alto que nunca, el desempleo está en su tasa más baja en 17 años, estamos derrotando a ISIS, estamos fortaleciendo nuestro sistema judicial, incluso con un juez brillante en el Tribunal Supremo, y más y más cosas.

Actualmente desplegados en la zona cercana a esta península hay tres de los más grandes portaaviones del mundo cargados al máximo con magníficos aviones de combate F-35 y F-18. Además tenemos submarinos nucleares posicionados adecuadamente. Estados Unidos, bajo mi administración, está reconstruyendo completamente su ejército y gastando cientos de miles de millones de dólares en los equipos militares más novedosos y de mayor calidad que nadie en el mundo. Deseo paz mediante la fuerza.

Estamos ayudando a la República de Corea mucho más que ningún otro país lo haya hecho nunca, y al final todo funcionará mucho mejor de lo que nadie entiende o valora. Sé que la República de Corea, que se ha convertido en un país tremendamente exitoso, será un fiel aliado de Estados Unidos por mucho tiempo en el futuro.

Lo que ustedes han construido aquí es verdaderamente una inspiración.

Esta transformación económica ha estado vinculada a una transformación política. El pueblo orgulloso, soberano e independiente de su país exigió el derecho a gobernarse a sí mismo. Aseguró elecciones parlamentarias libres en 1988, el mismo año en que auspiciaron sus primeras Olimpíadas. Poco después, eligieron a su primer presidente civil en más de tres décadas. Y cuando la República que ganaron se enfrentó a una crisis financiera, sus ciudadanos se alinearon por millones para entregar sus posesiones más preciadas, sus anillos de boda, sus reliquias familiares y “llaves de la suerte” de oro, para restaurar la promesa de un futuro mejor para sus hijos.

Su riqueza se mide en más que el dinero: se mide en logros de la mente y logros del espíritu. En las últimas décadas, sus científicos e ingenieros han elaborado tantas cosas magníficas. Han superado los límites de la tecnología, han sido pioneros en los tratamientos médicos y han surgido como líderes en el descubrimiento de los misterios del universo.

Los autores coreanos escriben aproximadamente 40.000 libros al año.

Músicos coreanos llenan salas de conciertos en todo el mundo. Jóvenes estudiantes coreanos se gradúan de la universidad en tasas más altas que en cualquier país.

Y los golfistas coreanos son algunos de los mejores del planeta. De hecho el Abierto de Mujeres de Estados Unidos se celebró este año en el club “Trump National Bedminster” y lo ganó una jugadora de golf coreana, Sung-Hyun Park, y 8 de las mejores diez jugadoras fueron de Corea, y las cuatro mejores, uno, dos, tres, cuatro, eran de Corea. Y esto es algo, verdaderamente algo…

Aquí en Seúl, las maravillas arquitectónicas como el “Edificio Sesenta y Tres” y la Torre del Mundo Lotte adornan el cielo y albergan a trabajadores de muchas industrias en crecimiento.

Sus ciudadanos ahora ayudan a alimentar a los hambrientos, a luchar contra el terrorismo y a resolver problemas en todo el mundo, y dentro de unos meses, serán los anfitriones, y lo harán magníficamente bien, de los 23 ° Juegos Olímpicos de Invierno.

El milagro coreano se extiende exactamente tan lejos como los ejércitos de las naciones libres avanzaron en 1953: 24 millas hacia el norte. Ahí, se detiene.  Se para completamente. Parado. El florecimiento se termina y comienza tristemente el estado penitenciario de Corea del Norte.

Los trabajadores en Corea del Norte trabajan horas agotadoras en condiciones insoportables por un ínfimo sueldo. Recientemente, se ordenó a toda la población trabajadora que trabajara durante 70 días seguidos, o que pagara por un día de descanso.

Las familias viven en hogares sin plomería y menos de la mitad tiene electricidad.

Los padres sobornan a los maestros con la esperanza de salvar a sus hijos e hijas de los trabajos forzados.

Más de un millón de norcoreanos murieron de hambre en la década de 1990, y más continúan muriendo de hambre hoy.

Entre los niños menores de cinco años, casi el treinta por ciento están afectados por un retraso en el crecimiento debido a la malnutrición. Y, sin embargo, en 2012 y 2013, el régimen gastó aproximadamente 200 millones de dólares, o casi la mitad del dinero que asignó para mejorar los niveles de vida de su gente para en vez de ello construir aún más monumentos, torres y estatuas para glorificar a sus dictadores.

Lo que queda de la escasa cosecha de la economía de Corea del Norte se distribuye de acuerdo con la lealtad percibida a un régimen retorcido. Lejos de valorar a su población como ciudadanos iguales, esta cruel dictadura los mide, los califica y los clasifica según las indicaciones más arbitrarias de su lealtad al estado. Aquellos que obtienen el puntaje más alto en lealtad pueden vivir en la ciudad capital. Aquellos que puntúan más bajo mueren de hambre. Una pequeña infracción por parte de un ciudadano, como una mancha accidental en una imagen del tirano impresa en un periódico descartado, puede arruinar el rango de crédito social de toda su familia durante muchas décadas.

Se calcula que unos 100.000 norcoreanos sufren en gulags, realizan trabajos forzados y soportan torturas, hambrunas, violaciones y asesinatos constantemente.

En un caso conocido, un niño de 9 años fue encarcelado durante 10 años porque su abuelo fue acusado de traición.

En otro, un estudiante fue golpeado en la escuela por olvidar un solo detalle sobre la vida de Kim Jong Un. Los soldados han secuestrado a extranjeros y los han obligado a trabajar como tutores de idiomas para espías norcoreanos. En la parte de Corea que era un bastión para el cristianismo antes de la guerra, los cristianos y otras personas creyentes a los que sorprenden rezando o que tienen un libro religioso de cualquier tipo ahora son detenidos, torturados y en muchos casos incluso ejecutados. Las mujeres de Corea del Norte se ven obligadas a abortar bebés que se consideran étnicamente inferiores, y si estos bebés nacen, los recién nacidos son asesinados.

El bebé de una mujer, nacido de un padre chino, fue llevado en un cubo; los guardias dijeron que no “merecía vivir porque [era] impuro”. Así que, ¿por qué China habría de sentir obligación alguna de ayudar a Corea del Norte?

El horror de la vida en Corea del Norte es tan total que los ciudadanos pagan sobornos a funcionarios del gobierno para ser exportados al extranjero como esclavos. Preferirían ser esclavos que vivir en Corea del Norte. Intentar huir es un crimen punible con la muerte. Una persona que escapó comentó: “Cuando lo pienso ahora, no era un ser humano. Yo era más como un animal. Solo después de dejar Corea del Norte me di cuenta de lo que se suponía que era la vida”.

Y así, en esta península, hemos visto los resultados de un experimento trágico, en un laboratorio de la historia. Es una historia de un pueblo pero dos Coreas. Una en la que la población tomó el control de sus vidas y de su país, y eligió un futuro de libertad y justicia, de civilización e increíbles logros. Y otra, en la que los líderes encarcelan a su pueblo bajo el estandarte de la tiranía, el fascismo y la opresión.

Los resultados de este experimento se conocen, y son totalmente concluyentes.

Cuando comenzó la Guerra de Corea en 1950, las dos coreas tenían aproximadamente el mismo PIB per cápita; pero en la década de 1990, la riqueza de Corea del Sur había superado a Corea del Norte en más de 10 veces. Y hoy, la economía de Corea del Sur es más de cuarenta veces mayor. Así que ustedes empezaron a la vez en tan corto tiempo y ahora son 40 veces más grandes. Ustedes están haciendo algo bien.

Considerando la miseria que ha causado, no sorprende que la dictadura norcoreana se haya visto obligada a tomar medidas cada vez más desesperadas para evitar que su población comprenda este contraste brutal.

Debido a que el régimen teme a la verdad por encima de todo, prohíbe prácticamente todo contacto con el mundo exterior. No solo mi discurso de hoy, sino incluso los hechos más comunes de la vida en Corea del Sur, son conocimiento prohibido para la población de Corea del Norte. La música occidental y surcoreana está prohibida. La posesión de medios de comunicación extranjeros es un delito punible con la muerte. Los ciudadanos espían a sus conciudadanos, sus hogares están sujetos a búsqueda en cualquier momento, y cada una de sus acciones está sujeta a vigilancia. En lugar de una sociedad dinámica, la población de Corea del Norte es bombardeada por propaganda estatal prácticamente cada hora del día.

Corea del Norte es un país gobernado como una secta. En el centro de esta secta militar hay una creencia trastornada en el destino del líder de gobernar como padre protector de una Península Coreana conquistada y un pueblo coreano esclavizado.

Cuanto MÁS ÉXITO tenga Corea del Sur, más DECISIVAMENTE desacreditan ustedes la oscura fantasía en el corazón del régimen de Kim.

De esta manera, la PROPIA EXISTENCIA de una próspera República de Corea del Sur AMENAZA la PROPIA SUPERVIVENCIA de la dictadura de Corea del Norte.

Esta ciudad y esta Asamblea son pruebas vivientes de que una Corea libre e independiente no solo PUEDE mantenerse, sino que se mantiene FUERTE, SOBERANA y ORGULLOSA entre los países del mundo.

Aquí, la FUERZA de la nación no proviene de la falsa gloria de un tirano, sino de la verdadera gloria de un PUEBLO fuerte y grande: EL PUEBLO DE LA REPÚBLICA DE COREA. Un pueblo coreano que es libre de vivir, florecer, creer, amar, construir y crecer, SU PROPIO DESTINO. En esta república, la gente ha hecho lo que ningún dictador podría haber hecho: tomaron, con ayuda de Estados Unidos, RESPONSABILIDAD por sí mismos y se hicieron DUEÑOS de su futuro. Tuvieron un sueño, un SUEÑO COREANO, y construyeron ese sueño en una gran realidad.

Al hacerlo, interpretaron el MILAGRO en el río Han que vemos a nuestro alrededor, desde el impresionante horizonte de Seúl hasta las llanuras y los picos de este hermoso paisaje. Lo han hecho LIBREMENTE, lo han hecho FELIZMENTE y lo ha hecho a su PROPIA MUY HERMOSA MANERA.

ESTA REALIDAD, este maravilloso lugar, SU ÉXITO, es la mayor causa de ansiedad, alarma e incluso pánico para el régimen de Corea del Norte. Es por eso que el régimen de Kim busca conflictos en el extranjero, para distraer del fracaso total que sufren en el interior.

Desde el llamado armisticio, ha habido cientos de ataques norcoreanos contra estadounidenses y surcoreanos. Estos ataques han incluido la captura y tortura de los valientes marineros estadounidenses del USS Pueblo, repetidos asaltos a helicópteros estadounidenses y el derribo en 1969 de un avión de vigilancia de Estados Unidos que mató a treinta y un militares estadounidenses. El régimen ha realizado numerosas incursiones letales en Corea del Sur, ha intentado asesinar a líderes importantes, atacado barcos surcoreanos, y torturó a Otto Warmbier, lo que finalmente llevó a la muerte de ese joven buen hombre.

Mientras tanto, el régimen ha perseguido la consecución de armas nucleares con la ilusoria esperanza de que podría usar esto para chantajear y lograr su avance hacia el objetivo final, y no vamos a dejar que lo tengan, no vamos a dejar que lo tengan. Toda Corea está bajo un sortilegio que lo divide en dos. Corea del Sur nunca permitirá que lo que está sucediendo en Corea del Norte continúe ocurriendo.

El régimen de Corea del Norte ha seguido sus programas de misiles nucleares y balísticos desafiando toda garantía, acuerdo y compromiso que haya hecho con Estados Unidos y sus aliados. Ha roto todos esos compromisos. Después de prometer congelar su programa de plutonio en 1994, cosechó los beneficios del acuerdo y entonces, inmediatamente, continuó sus actividades nucleares ilícitas. En 2005, después de años de diplomacia, la dictadura acordó finalmente abandonar sus programas nucleares y volver al Tratado de no proliferación, pero nunca lo hizo, y lo que es peor, hizo pruebas con las mismas armas que dijo que iba a abandonar. En 2009, Estados Unidos dio a las negociaciones otra oportunidad más y ofreció a Corea del Norte una mano abierta a la participación. El régimen respondió hundiendo un barco de la Armada surcoreana, matando a 46 marineros coreanos. Hasta el día de hoy, continúa lanzando misiles sobre el territorio soberano de Japón y todos sus otros vecinos, haciendo pruebas de dispositivos nucleares y desarrollando misiles balísticos intercontinentales para amenazar al propio Estados Unidos.

El régimen ha interpretado la moderación anterior de Estados Unidos como una debilidad. Esto sería un error de cálculo fatal. Esta es una administración muy diferente a las que Estados Unidos ha tenido en el pasado.

Hoy, espero no hablar solo de nuestros países, sino de TODAS las naciones civilizadas, cuando le digo al Norte: No nos subestimen. Y NO NOS TIENTEN.

Defenderemos nuestra seguridad común, nuestra prosperidad compartida y nuestra libertad sagrada.

No elegimos trazar AQUÍ, en esta península, esta magnífica península, la delgada línea de civilización que corre alrededor del mundo, y a través del tiempo; pero aquí fue dibujada, y aquí permanece hasta el día de hoy. Es la línea entre la paz y la guerra, entre la decencia y la depravación, entre la ley y la tiranía, entre la esperanza y la desesperación total. Es una línea que se ha dibujado muchas veces, en muchos lugares a lo largo de la historia. Mantener esa línea es una elección que los países libres siempre han tenido que hacer. Hemos aprendido juntos el alto precio de la debilidad y los altos riesgos de su defensa.

Hombres y mujeres que llevan el uniforme de Estados Unidos han dado sus vidas en la lucha contra el nazismo, el imperialismo, el comunismo y el terrorismo.

Estados Unidos no busca conflicto o confrontación. Pero NUNCA huiremos de él. La historia está llena de regímenes descartados que tontamente han puesto a prueba la determinación de Estados Unidos.

Cualquiera que dude de la fuerza o determinación de los Estados Unidos debe mirar a nuestro pasado y no lo  dudará más. No permitiremos que Estados Unidos o nuestros aliados sean chantajeados o atacados. No permitiremos que las ciudades estadounidenses se vean amenazadas por la destrucción. No nos dejaremos intimidar.

Y no permitiremos que las peores atrocidades en la historia se repitan aquí, en este terreno en que luchamos y perecimos tan duramente para asegurarlo.

Es por eso que he venido aquí, al corazón de una Corea libre y floreciente, con un mensaje para las naciones amantes de la paz del mundo: EL MOMENTO DE LAS EXCUSAS HA TERMINADO. Ahora es el momento de la FORTALEZA. Si se quiere paz, hay que MANTENERSE FUERTE todo el tiempo.

El mundo no puede tolerar la amenaza de un régimen renegado que amenaza con la devastación nuclear.

Todos los países responsables deben unir fuerzas para aislar al régimen brutal de Corea del Norte, negarle cualquier tipo, cualquier tipo, de apoyo. No se puede apoyar. No se puede darle suministros. No se puede aceptar. Instamos a todas las naciones, incluidas China y Rusia, a implementar plenamente las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, a reducir las relaciones diplomáticas con el régimen y a cortar todos los vínculos comerciales y tecnológicos.

Es nuestra RESPONSABILIDAD y nuestro DEBER hacer frente a este peligro JUNTOS, porque cuanto más esperemos, mayor será el peligro y menos serán las opciones. Y para aquellas naciones que eligen ignorar esta amenaza o, lo que es peor, asistirla, el peso de esta crisis recae en SU CONCIENCIA.

También he venido aquí, a esta península, a entregar un mensaje directamente al líder de la dictadura de Corea del Norte: las armas que está adquiriendo no le están haciendo más seguro: están poniendo su régimen en GRAVE PELIGRO. Cada paso que tome en este camino oscuro aumenta el peligro que enfrenta.

Corea del Norte no es el paraíso que su abuelo imaginó. Es un infierno que ninguna persona merece. Sin embargo, a pesar de todos los crímenes que ha cometido contra Dios y el hombre, estamos listos para ofrecerle, y lo haremos, le ofreceremos un camino hacia un futuro mejor. Comienza con el fin de la agresión de su régimen, el cese de su desarrollo de misiles balísticos y la desnuclearización completa, verificable y TOTAL.

Vista desde lo alto, esta península muestra una nación de deslumbrante luz en el sur y una masa de oscuridad impenetrable en el norte. Buscamos un futuro de LUZ, prosperidad y paz. Pero estamos SOLAMENTE preparados para hablar sobre este camino más brillante para Corea del Norte si sus líderes CESAN sus amenazas y desmantelan su programa nuclear.

El siniestro régimen de Corea del Norte tiene razón sobre una sola cosa: el pueblo coreano tiene un destino glorioso. Pero no podrían estar más equivocados sobre cómo se ve ese destino. El destino del pueblo coreano NO es SUFRIR en la ESCLAVITUD DE LA OPRESIÓN, sino PROSPERAR en la GLORIA DE LA LIBERTAD.

Lo que los surcoreanos han logrado en esta península es más que una victoria para su país; es una victoria para TODO país que crea en el espíritu humano. Y es nuestra esperanza que algún día pronto, todos sus hermanos y hermanas del Norte puedan disfrutar de la plenitud de la vida que es intención de Dios.

Su República nos muestra todo lo que es posible. En solo unas pocas décadas, con solo el arduo trabajo, el coraje y el talento de su gente, convirtió esta tierra devastada por la guerra en un país bendecido con riquezas, rico en cultura y con un espíritu profundo. Construyeron un HOGAR donde todas las familias pueden florecer y donde todos los niños pueden brillar y ser felices.

Esta Corea se destaca entre la gran comunidad de NACIONES INDEPENDIENTES, CON CONFIANZA Y AMANTES DE LA PAZ. Somos países que respetamos a nuestros ciudadanos, valoramos nuestra libertad, atesoramos nuestra soberanía y controlamos nuestro propio destino. Afirmamos la dignidad de cada persona y acogemos todo el potencial de cada alma. Y SIEMPRE estamos preparados para defender los intereses vitales de nuestra población contra las crueles ambiciones de los tiranos.

Juntos, soñamos con una Corea que sea LIBRE, una península que sea segura y familias que estén REUNIDAS UNA VEZ MÁS. Soñamos con carreteras que conecten el Norte y el Sur, primos que abrazan a sus primos, y esta pesadilla nuclear reemplazada por la bella promesa de la paz.

HASTA que llegue ese día, nos mantenemos FUERTES Y ALERTA, tenemos la mirada FIJA en el NORTE; y nuestros CORAZONES rezando por el día en que TODOS LOS COREANOS puedan VIVIR EN LIBERTAD.

Gracias, Dios los bendiga, Dios bendiga al pueblo coreano. Muchísimas gracias.

FIN                 11:59 horas (hora de Corea del Sur)


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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