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Secretario del Departamento de Estado Michael R. Pompeo Una fuerza para el bien: Estados Unidos con más energía en el Oriente Medio

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Departmento De Estado De EE. UU.
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Declaracions Del
10 de enero de 2019

 

Universidad Americana en El Cairo, Egipto

SECRETARIO POMPEO: Gracias Frank, gracias Frank Ricciardone. Gracias también por tu servicio a los Estados Unidos, además de los deberes que tienes aquí.

Como Secretario del Departamento de Estado, he tenido la gran fortuna de visitar con frecuencia Egipto y el Oriente Medio. En mi cargo anterior como director de la CIA, estuve aquí con alguna frecuencia, y también estuve aquí como congresista. Cada vez que vengo, tengo la oportunidad de ver algo nuevo, algo maravilloso.

Como cristiano evangélico, este viaje es especialmente significativo para mí ya que ocurre justo después de las celebraciones de Navidad de la Iglesia Copta. Este es un momento importante. Todos somos hijos de Abraham: cristianos, musulmanes y judíos. En mi oficina tengo una Biblia abierta sobre mi escritorio para recordarme de la existencia de Dios, su palabra y la Verdad, así en mayúsculas.

Pero es de la verdad con “v” minúscula de la que vengo a hablar hoy aquí. Es una verdad de la que poco se habla en esta parte del mundo pero, como soy militar de formación, seré muy franco y directo: los Estados Unidos son una fuerza para el bien en el Oriente Medio.

Tenemos que reconocer esa verdad porque, si no lo hacemos, tomaremos malas decisiones, ahora y en el futuro. Y nuestras decisiones, las decisiones que tomemos hoy tendrán consecuencias para las naciones y para millones de personas, para nuestra seguridad, nuestra prosperidad económica, nuestras libertades personales y las de nuestros hijos.

Y no hay lugar más apropiado para tener este diálogo que en el estoy ahora, aquí en la Universidad Americana de la bella ciudad de El Cairo. Como dijo Frank, este año se celebra el centenario de la fundación de esta institución, la UAC, que es más que una universidad. Es un símbolo importante de la amistad entre EE. UU. y Egipto y de lo que nos une. Juntos hemos creado un centro moderno de aprendizaje en el medio de una antigua civilización con su propia rica historia de artistas, poetas e intelectuales.

Egipto siempre ha sido tierra de emprendedores, pero a veces, las aspiraciones de sus habitantes y las de sus hermanos en el Oriente Medio han parecido imposibles de alcanzar. Estas tierras han sido testigo de alzamientos socio-políticos desde Túnez a Teherán en los que se derrumbaron viejos sistemas y los nuevos luchan por surgir. Eso sucedió aquí también.

Y en este momento crítico, Estados Unidos, su amigo de años, ha estado ausente por demasiado tiempo. ¿Por qué? Porque nuestros líderes hicieron una lectura pésima de su historia y su momento histórico. Estas incomprensiones fundamentales, expuestas en esta ciudad en 2009, afectaron negativamente la vida de cientos de millones de personas, tanto en Egipto como en toda la región.

Recordemos que fue aquí, en esta ciudad, que otro estadounidense se paró frente a ustedes y les dijo que el terrorismo islamita radical no se origina de una ideología.

Él les dijo que lo que sucedió el 11 de septiembre hizo que mi país abandonara sus ideales, particularmente en el Oriente Medio.

Les dijo que Estados Unidos y el mundo musulmán necesitaban, y cito: “un nuevo comienzo”, fin de la cita.

Los resultados de estos juicios equivocados han sido terribles.

Al vernos falsamente a nosotros mismos como una fuerza de lo que aqueja al Oriente Medio, fuimos tímidos en afirmarnos cuando los tiempos, y nuestros socios, lo exigían.

Subestimamos gravemente la tenacidad y crueldad del islamismo radical, una secta pervertida de la fe que busca trastocar todas las otras formas de culto o gobierno. ISIS avanzó hasta las afueras de Bagdad mientras Estados Unidos dudaba. Violaron, saquearon y asesinaron a decenas de miles de inocentes. Fundaron un califato en Siria e Irak y lanzaron ataques terroristas que causaron muertes en todos los continentes.

La reticencia de EE. UU., nuestra reticencia, de ejercer nuestra influencia nos mantuvo en silencio mientras el pueblo iraní se alzaba contra los mullahs de Teherán en lo que se llamó la Revolución Verde. Los ayatollahs y sus secuaces asesinaron, encarcelaron e intimidaron a los iraníes amantes de la libertad y equivocadamente acusaron a Estados Unidos del descontento cuando era su propia tiranía la causante. Envalentonado, el régimen diseminó su influencia cancerosa a Yemen, Irak, Siria y más lejos a Líbano.

Nuestra tendencia, la tendencia de EE. UU., de hacerse ilusiones nos hizo desviar la mirada mientras Hizballah, una subsidiaria completamente controlada por el régimen iraní, acumulaba un arsenal masivo de aproximadamente 130,000 cohetes y misiles. Almacenaron y colocaron estas armas en los pueblos y aldeas de Líbano, en violación flagrante del derecho internacional. Este arsenal apunta directamente a nuestro aliado Israel.

Cuando Bashar Assad desató el terror contra sirios comunes y corrientes y bombardeó a civiles con sarín, una verdadera copia de los ataques con gas de Saddam Hussein contra los kurdos, nosotros condenamos sus acciones. Pero en nuestra reticencia a utilizar el poder, no hicimos nada.

En nuestro afán de dirigirnos solamente a musulmanes y no a naciones, ignoramos la rica diversidad del Oriente Medio y sus debilitados vínculos tradicionales. Aquello socavó el concepto de estado-nación, la piedra angular de la estabilidad internacional. Y nuestro deseo de paz a cualquier precio nos condujo a firmar un acuerdo con Irán, nuestro enemigo común.

Entonces, hoy ¿qué hemos aprendido de todo esto? Hemos aprendido que cuando Estados Unidos se retira, frecuentemente sigue el caos. Cuando abandonamos a nuestros amigos, el resentimiento crece. Y cuando nos aliamos con el enemigo, este avanza.

Y ahora las buenas noticias: los años de vergüenza autoinflingida por parte Estados Unidos han terminado, así como las políticas que han causado tanto sufrimiento innecesario. Ahora viene el nuevo inicio de verdad.

En solamente 24 meses, realmente en menos de dos años, Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, ha reafirmado su papel tradicional de una fuerza para el bien en esta región. Hemos aprendido de nuestros errores. Hemos redescubierto nuestra voz. Hemos reconstruido nuestras relaciones. Hemos rechazado las falsas propuestas de nuestros enemigos.

Y miren lo que hemos logrado, lo que hemos logrado juntos. Bajo el nuevo liderazgo, Estados Unidos ha confrontado la horrible realidad del islamismo radical. En su primer viaje al exterior a esta región, el presidente Trump pidió a los países con mayoría musulmana que, y cito: “se enfrenten a la gran tarea histórica de conquistar el extremismo y vencer a las fuerzas del terrorismo”.

El presidente Sisi se nos unió y denunció la ideología tergiversada causante de tantas muertes y el sufrimiento de tantos. Agradezco al presidente Sisi por su valentía. (Aplausos).

Como dije en una conferencia reciente en Bruselas, nuestras palabras nuevamente tienen peso, como debe ser. La academia West Point me enseño un código fundamental de integridad: si invertimos el prestigio de Estados Unidos en hacer algo, nuestros aliados dependen de nosotros para seguir adelante.

El gobierno del presidente Trump no se quedó de brazos cruzados cuando Bashar Assad utilizó armas químicas contra su pueblo. En efecto, el presidente Trump descargó la furia de las fuerzas armadas de EE. UU. no una, sino dos veces, con apoyo de nuestros aliados. Y tiene la disposición de hacerlo nuevamente, aunque esperamos que no lo tenga que hacer.

Para los que se preocupan con el uso del poder de Estados Unidos, recuerden esto: Estados Unidos siempre ha sido y siempre será, una fuerza liberadora, no una fuerza de ocupación. Nunca hemos soñado con dominar el Oriente Medio. ¿Pueden decir lo mismo de Irán?

En la Segunda Guerra Mundial, el ejército de Estados Unidos ayudó a liberar a Norteamérica de la ocupación nazi. Cincuenta años después, formamos una coalición para liberar a Kuwait de Saddam Hussein. ¿Vendrían los rusos y los chinos a su rescate de la misma manera como lo hicimos nosotros?

Y cuando termina la misión, cuando la tarea termina, Estados Unidos se retira. Hoy en Irak, por invitación del gobierno, tenemos aproximadamente 5,000 tropas en donde inicialmente había 166,000. En una oportunidad tuvimos decenas de miles de tropas de EE. UU. estacionadas en Arabia Saudita. Ahora queda solamente una pequeñísima fracción. Cuando efectivamente hemos construido bases militares, como lo hemos hecho en Bahrein, Kuwait, Qatar, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos, es por invitación del país huésped.

En el mismo espíritu, solamente el año pasado, Estados Unidos impulsó la formación de una coalición de aliados y socios con el fin de desmantelar el califato del Estado Islámico, y liberar a los iraquíes, sirios, árabes, kurdos, musulmanes y cristianos, hombres, mujeres y niños. El presidente Trump autorizó a los comandantes en el campo a atacar a ISIS más rápido y con más fuerza que nunca antes. Ahora el 99 por ciento del territorio que una vez controló ISIS ha sido liberado. La vida regresa a su normalidad para millones de iraquíes y sirios. Las naciones de la coalición mundial deberían todas estar inmensamente orgullosas de este logro. Junto hemos salvado miles de vidas.

Nuestros aliados y socios han sido de gran ayuda en el esfuerzo para derrotar a ISIS. Francia y Gran Bretaña se unieron a nuestros ataques en Siria y han apoyado nuestros esfuerzos anti-terroristas alrededor del mundo. Jordania y Turquía han recibido a millones de sirios que han escapado de la violencia. Arabia Saudita y los países del Golfo Pérsico han contribuido generosamente para financiar los esfuerzos de estabilización. Les agradecemos a todos por su ayuda y les urgimos a que continúen haciéndolo.

Estados Unidos también ha contribuido a liberar áreas como un medio importante para prevenir que resurja el califato. Hemos proporcionado $2,500 millones en ayuda humanitaria a Irak desde el año 2014, y nuestras iglesias y organizaciones sin fines de lucro también hacen un buen trabajo todos los días. Durante la Conferencia para la Reconstrucción que se realizó en Kuwait el año pasado, nosotros y nuestros aliados hemos generado casi 30 mil millones en subvenciones y financiamiento para ayudar en la reconstrucción de Irak.

Piensen en las personas a las que estamos ayudando. El año pasado, yo auspicié en Washington la primera reunión ministerial de su clase para avanzar la libertad religiosa. En la conferencia, nuestro embajador extraordinario contó sobre su viaje a Irak. Allí conoció a las mujeres yezidi que habían sido vendidas como esclavas cuyos hijos fueron arrebatados de sus brazos. La vida bajo el poder de ISIS era un verdadero infierno, un verdadero infierno en la tierra. Hoy, esas áreas están liberadas gracias al poder y el compromiso de nuestra coalición.

Recuerdo una frase del Premio Nóbel Naguib Mahfouz, y cito: “El bien está venciendo todos los días. Puede que quizás el mal sea más débil de lo que imaginamos”.

Veamos ahora lo que pasa en Irán.

El presidente Trump ha revertido nuestra ceguera voluntaria al peligro del régimen y se ha retirado del fracasado acuerdo nuclear y sus falsas promesas. Estados Unidos ha vuelto a imponer sanciones que nunca debieron levantarse. Nos hemos embarcado en una nueva campaña de presión para cortar los ingresos que el régimen utiliza para diseminar terror y destrucción en el mundo. Nos hemos unido al pueblo iraní en su llamado a la libertad y la rendición de cuentas.

Y, muy importante, hemos fomentado un entendimiento común con nuestros aliados acerca de la necesidad de contrarrestar la agenda revolucionaria del régimen iraní. Los países cada vez más entienden que debemos enfrentar a los ayatollahs, no consentirlos. Los países se unen a nosotros para enfrentar al régimen como nunca antes. Egipto, Omán, Kuwait y Jordania han contribuido a contener los esfuerzos de Irán para evadir las sanciones.

Los Emiratos Árabes Unidos han cancelado las importaciones de petróleo condensado iraní en respuesta a la reimposición de sanciones de EE. UU. Bahrein ha revelado quiénes son los aliados de la Guardia Revolucionaria que están activos en su país y está trabajando para detener las actividades marítimas ilícitas de Irán en su región. Arabia Saudita también está trabajando con nosotros para contrarrestar la expansión e influencia regional de Irán. Nosotros, los Estados Unidos, encomiamos cada uno de estos esfuerzos y queremos que todos los países continúen su trabajo de restringir la gama completa de la actividad maligna del régimen.

El trabajo de detener las ambiciones letales del régimen no se limita al Oriente Medio. Los amigos y aliados de Estados Unidos, desde Corea del sur a Polonia, se han unido a nuestro esfuerzo para detener la ola de destrucción regional y campañas de terror de Irán.

Países en todo el mundo están reduciendo a cero las importaciones de petróleo iraní y trabajan para lograr esa meta. Compañías privadas en Francia, Alemania, Gran Bretaña y otros países han calculado que su propio enriquecimiento mediante la asociación con el régimen es malo para los negocios y malo para la gente de sus propios países.

En Yemen, hemos ayudado a nuestros socios de la coalición en su liderazgo para prevenir una expansión iraní que podría ser desastrosa para el comercio mundial y la seguridad regional. Como siempre, el compromiso de Estados Unidos ha venido acompañado de ayuda humanitaria sustancial. Hemos apoyado las negociaciones en la ONU para que Yemen empiece un proceso de paz.

En Líbano, Hizballah mantiene una presencia significativa, pero no aceptaremos el status quo. Nuestra agresiva campaña de sanciones contra Irán también está dirigida contra los grupos terroristas y sus líderes, inclusive el hijo de Hassan Hasrallah, comandante de Hizballah.

Hablemos ahora de los esfuerzos de Estados Unidos para formar coaliciones.

El gobierno del presidente Trump ha actuado con rapidez para reconstruir los vínculos entre nuestros antiguos amigos, así como para establecer nuevas alianzas. Mi primer viaje al ocupar este cargo incluyó paradas en Israel, Jordania y Arabia Saudita.

De hecho, después de haber juramentado como secretario del Departamento de Estado, primero visité esos países antes de ir a mi oficina en Washington, D.C. Y con frecuencia recibo a los líderes de esta región en mi oficina, como lo hice con el ministro de Relaciones Exteriores Shoukry en agosto del año pasado.

Construir coaliciones es algo natural para Estados Unidos, pero en años pasados hemos descuidado esta tarea. Este gobierno ha gozado de relaciones fructíferas en el Oriente Medio por cientos de años, pero debemos mantenerlas y trabajar para mantenerlas. Miren, nuestras alianzas se remontan a muchos años atrás: con Marruecos y Omán en 1777 y 1883, respectivamente. Nuestra amistad con el país en el que ahora nos encontramos, Egipto, se remonta a muchas generaciones atrás. En efecto, este año marca el septuagésimo aniversario de nuestras relaciones diplomáticas con Jordania. Estamos desarrollando un diálogo saludable con el gobierno de Irak, una democracia joven y pujante. También estamos desarrollando relaciones para lograr una prosperidad compartida. Es tiempo de que terminen las viejas rivalidades por el bien común de la región.

EL gobierno del presidente Trump también está trabajando para establecer la Alianza Estratégica del Oriente Medio con el fin de enfrentar las más serias amenazas de la región, así como para fomentar la producción energética y la cooperación económica. Este esfuerzo está reuniendo a los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, así como a Egipto y Jordania. Hoy les pedimos a cada uno de estos países que tomen el paso siguiente y nos ayuden a afianzar la Alianza Estratégica del Oriente Medio.

También estamos observando cambios impresionantes. Nuevas relaciones están echando raíces que hasta hace pocos eran inimaginables. ¿Quién se habría imaginado hace pocos años que un primer ministro israelí visitaría Muscat? Quién se habría imaginado que surgirían nuevas relaciones entre Arabia Saudita e Irak, o que el Papa de la Iglesia Católica visitaría esta ciudad para reunirse con los imanes musulmanes y el jefe de la iglesia Copta?

En octubre del año pasado, se escuchaba el himno nacional de Israel mientras el campeón de judo israelí era coronado ganador del campeonato en los Emiratos Árabes Unidos. Era la primera vez, repito, la primera vez, que a una delegación israelí se le permitía participar con su propia bandera nacional. También era la primera vez que una ministra de cultura y deportes israelí asistía a eventos deportivos en el Golfo Pérsico. Ella dijo, y cito: “Es un sueño hecho realidad. Hemos tenido conversaciones durante dos años para llegar a este momento”. Le fue difícil contener las lágrimas. “Quisiera agradecer a las autoridades de Abu Dhabi y a nuestros anfitriones por su ejemplar recibimiento”. No podría haber estado más feliz.

Estos pasos hacia un acercamiento son necesarios para lograr una mayor seguridad frente a las amenazas compartidas, pero también apuntan hacia un futuro más esperanzador para la región.

Por supuesto, nuestro trabajo en equipo no ha terminado. Casi nunca Estados Unidos trabaja por sí solo. Estados Unidos sabe que no podemos, no debemos, luchar todas las batallas ni apoyar a todas las economías. Ninguna nación desea depender de otra. Nuestro objetivo es aliarnos con amigos y vigorosamente oponernos a nuestros enemigos, porque un Oriente Medio fuerte, seguro y pujante económicamente es para nuestro interés nacional, así como para el de ustedes también.

Permítanme ser claro: Estados Unidos no retrocederá hasta que no termine la lucha anti-terrorista. Trabajaremos incansablemente juntos para derrotar a ISIS, al-Qaeda y otros yihadistas que amenazan nuestra seguridad y la de ustedes. El presidente Trump ha tomado la decisión de regresar las tropas estadounidenses estacionadas en Siria. Siempre lo hacemos y ya llegó el momento, pero esto no significa un cambio de misión. Seguimos comprometidos con el desmantelamiento completo de ISIS, la amenaza de ISIS, y la lucha continua contra el islamismo radical en todas sus formas. Pero, como ha dicho el presidente Trump, queremos que nuestros aliados hagan más, y nosotros lo haremos como parte de nuestro avance conjunto.

Por nuestra parte, los ataques aéreos en la región continuarán a medida que surjan nuevos blancos. Seguiremos trabajando con nuestros aliados en la coalición para derrotar a ISIS. Continuaremos persiguiendo a los terroristas que buscan refugio en Libia y Yemen. Apoyamos decididamente los esfuerzos de Egipto para destruir a ISIS en el Sinaí. Apoyamos decididamente los esfuerzos de Israel para impedir que Teherán convierta a Siria en el próximo Líbano.

Y, a medida que la lucha continúa, seguiremos ayudando a nuestros aliados en los esfuerzos para defender las fronteras, enjuiciar a terroristas, investigar la información de viajeros, ayudar a los refugiados y más. Pero “ayudar” es la palabra clave. Pedimos a todo país del Medio Oriente amante de la paz que cumpla con las nuevas responsabilidades de derrotar al extremismo islamita donde sea que lo encontremos.

Es importante saber también que no aflojaremos nuestra campaña para detener la influencia maligna y las acciones de Irán contra esta región y el mundo. Las naciones del Oriente Medio nunca gozarán de seguridad, ni lograrán estabilidad económica, ni harán que se cumplan los sueños de sus pueblos si el régimen revolucionario de Irán mantiene su actual trayectoria.

El 11 de febrero van a ser 40 años desde que el régimen opresor llegó al poder en Teherán. Las sanciones económicas de Estados Unidos contra el régimen son las más estrictas de la historia, y las mantendremos así hasta que Irán empiece a comportarse como un país normal. Las 12 demandas que enumeramos en mayo siguen vigentes porque la amenaza que el régimen representa para la región continúa.

En Siria, Estados Unidos utilizará la diplomacia y trabajará con sus aliados para expulsar hasta el último soldado iraní. También trabajará a través del proceso dirigido por la ONU para lograr la paz y la estabilidad para el pueblo sirio que ya ha sufrido demasiado. No habrá ayuda de EE. UU. para reconstrucción en las áreas de Siria controladas por Assad hasta que Irán y sus fuerzas aliadas se retiren y hasta que veamos progreso irreversible hacia una solución política.

En Líbano, Estados Unidos trabajará para reducir la amenaza del arsenal de misiles de Hizballah que apunta hacia Israel y puede alcanzar cualquier objetivo dentro de ese país. Muchos de los cohetes están equipados con sistemas de guía avanzados, cortesía de Irán, y eso es inaceptable. Irán puede creer que Líbano le pertenece, pero está equivocado.

En Irak, Estados Unidos ayudará a nuestros socios a construir un país libre de la influencia iraní. El pasado mayo, los iraquíes rechazaron el sectarismo en las elecciones nacionales y nosotros los apoyamos decididamente. El pueblo rechazó acobardarse frente a los matones y grupos armados respaldados por Irán. Los iraquíes han fortalecido las relaciones con sus vecinos árabes; han reiniciado la cooperación entre la región del Kurdistán y Bagdad; y han renovado su objetivo de luchar contra la corrupción.

En Yemen, continuaremos nuestro trabajo para lograr una paz duradera.

Y pienso que esto está claro, pero vale la pena repetirlo: Estados Unidos apoya completamente el derecho de Israel a defenderse contra el aventurerismo agresivo del régimen iraní. Seguiremos asegurando que Israel tenga la capacidad militar para hacerlo decisivamente.

El gobierno del presidente Trump continuará sus esfuerzos para lograr una paz verdadera y duradera entre Israel y los palestinos. Nuevamente, hemos cumplido con nuestra palabra. En su campaña, el presidente Trump prometió reconocer a Jerusalén, la ciudad en donde se encuentra el gobierno de Israel, como la capital del país. En mayo, trasladamos nuestra embajada a esa ciudad. Estas decisiones honran la resolución bipartidaria del congreso hecha hace más de dos décadas. El presidente Trump cumplió este compromiso.

Estados Unidos también está trabajando para que sigan fuertes nuestras relaciones bilaterales. En los próximos días, voy a tener un diálogo profundo con los mandatarios de Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita, Omán y Kuwait. Vamos a dialogar acerca de nuestros objetivos comunes, tal como lo hice en Jordania e Irak esta semana, y como lo hice hoy con el presidente Sisi y el ministro de Relaciones Exteriores Shoukry.

Y mientras buscamos una alianza más fuerte con Egipto, queremos animar al presidente Sisi a que libere la energía creativa del pueblo egipcio, desencadene la economía y promueva un intercambio de ideas libre y abierto. El progreso logrado a la fecha puede continuar.

También aplaudo los esfuerzos del presidente Sisi para promover la libertad de culto, lo cual se erige como un ejemplo para todos los líderes y los pueblos del Oriente Medio. Estoy contento de ver que nuestros ciudadanos, condenados erróneamente de dirigir ONG, fueron finalmente exonerados. Apoyamos decididamente la iniciativa del presidente Sisi de enmendar la legislación egipcia para asegurar que esto no vuelva a suceder. Ciertamente es necesario trabajar más para maximizar el potencial de la nación y el pueblo de Egipto. Me alegra que Estados Unidos sea un socio en estos esfuerzos.

Permítanme concluir con un par de ideas finales.

Primero, nunca es fácil reconocer la verdad. Pero cuando la vemos, debemos proclamarla. Estados Unidos ha sido criticado por hacer mucho en el Oriente Medio, y por hacer muy poco. Pero algo que nunca hemos sido es constructores de imperio ni agresores.

Solamente miremos la historia de nuestras actividades conjuntas, la historia que acabo de contar hoy. Miren las batallas contra nuestros enemigos comunes, la construcción que hemos hecho de coaliciones. Y, por último, miren esta universidad con un centenario de existencia. No es coincidencia que muchas universidades de EE. UU. como esta florezcan en el Oriente Medio, desde Beirut a Sulaymaniyah. Estos son símbolos de la bondad innata de Estados Unidos, de nuestras esperanzas para ustedes, y del futuro mejor que deseamos para todas las naciones del Oriente Medio.

Quisiera agradecer a todos por su presencia y que el buen Señor bendiga a todos y cada uno de ustedes. Gracias. (Aplausos).


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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