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Declaraciones del vicepresidente Pence durante el almuerzo de trabajo en la reunión ministerial de Varsovia | Varsovia, Polonia

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La Casa Blanca
Declaraciones
14 de febrero de 2019
Estadio Nacional PGE
Varsovia, Polonia
12:34 p.m. hora central europea

 

EL VICEPRESIDENTE: Primer ministro Morawiecki, primer ministro Netanyahu, Secretario Pompeo, sus Excelencias: es un inmenso honor acompañarlos en esta primera “Reunión ministerial para promover un futuro de paz y seguridad en Medio Oriente”, y me complace estar en compañía de todos ustedes.

Para empezar, quisiera transmitir los saludos de un amigo de todas las naciones que están aquí reunidas y un defensor de la paz y la seguridad en Medio Oriente. Les traigo saludos del 45º presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump.

Hace dos años, el presidente Trump hizo su primer viaje al extranjero como Presidente de Estados Unidos al viajar a Medio Oriente. Allí, el presidente convocó un encuentro histórico de líderes de 50 naciones de la región, en la Cumbre Árabe Islámica Estadounidense.

Como lo señaló el presidente Trump en ese momento, en sus propias palabras: “La cuna de la civilización aguarda el inicio de un nuevo renacimiento”. Nos instó a que trabajáramos juntos para estar a la altura de, según dijo, “la gran prueba, que plantean nuestros tiempos, de someter al extremismo y vencer a las fuerzas” del terrorismo.

Y estoy aquí hoy en representación del Presidente, frente a otro encuentro sin precedentes de líderes de más de 50 naciones, para decir que Estados Unidos de América está preparado para trabajar con todos los aquí presentes para afrontar este enorme desafío y hacer realidad nuestro destino común de paz.

Todos procedemos de naciones y culturas diferentes. Nuestros pueblos hablan distintos idiomas. Profesan distintos credos, de la tradición abrahámica y de muchos otros. Pero a todos nos une nuestra misión de forjar un futuro más auspicioso de seguridad y prosperidad en Medio Oriente.

Durante décadas, el pueblo de Medio Oriente ha sufrido la desestabilización y la destrucción de sus territorios, debido a amenazas a la seguridad que todavía hoy están presentes, y que incluyen desde guerras civiles propiciadas por grupos sectarios hasta dictaduras homicidas.

Y apenas anoche, por primera vez en la historia del Medio Oriente moderno, representantes de prácticamente cada país importante se sentaron y analizaron en forma abierta y pública cuestiones que son de interés común.

Estados Unidos y Polonia consideran positivo este símbolo de cooperación abierta, como una señal esperanzadora del futuro más auspicioso que espera a las naciones de Medio Oriente.

Hoy nos reunimos con la promesa de un mañana mejor, y estamos aquí juntos debido a las amenazas comunes a las que nos enfrentamos. Y no hay amenaza más peligrosa o más urgente que el terrorismo radical islamista y los regímenes autoritarios que los exportan hacia la región y el mundo en general.

El terrorismo islámico radical no reconoce fronteras. Apunta contra Estados Unidos, Israel y naciones de Medio Oriente y de todo el mundo. No respeta credos, y toma la vida de cristianos, judíos y musulmanes. Y el terrorismo islámico radical no entiende otra realidad más que la fuerza bruta.

Por casi 200 años, remontándonos hasta nuestro Tratado de Amistad y Comercio con Omán, Estados Unidos ha sido una fuerza promotora del bien en Medio Oriente.

En muchas ocasiones, gobiernos anteriores de mi país subestimaron el peligro que representaba el terrorismo islámico radical para el pueblo estadounidense, nuestros aliados y nuestros socios. Su inacción permitió que ocurrieran atentados terroristas como el perpetrado contra el buque U.S.S. Cole; el 11 de septiembre; la expansión de ISIS en toda Siria e Irak, e incluso en los suburbios de Bagdad. Pero como lo ha presenciado el mundo en los dos últimos años, durante la presidencia de Trump, esos días han terminado.

Desde el primer día, el presidente Trump ha restablecido el liderazgo estadounidense en el escenario mundial. Y al implementar nuestra Estrategia de Seguridad Nacional, hemos tomado medidas decisivas para proteger la patria estadounidense, promover la prosperidad de nuestro país, impulsar los intereses de EE.UU. y preservar la paz mediante la fortaleza.

Con la conducción del presidente Trump, Estados Unidos una vez más está poniendo en primer lugar la seguridad y la prosperidad estadounidenses. Pero como ha quedado demostrado en los dos últimos años, en Medio Oriente y en el mundo en general, “Estados Unidos Primero” no significa “solo Estados Unidos”.

Y en Medio Oriente, Estados Unidos está trabajando para construir, como lo señaló el Presidente, “una coalición de naciones que comparten la intención de erradicar el extremismo y brindar a nuestros hijos un futuro auspicioso que honre a Dios”.

Y los vientos de cambio ya se sienten en Medio Oriente. El Primer Ministro de Israel visita abiertamente Omán. La semana pasada, el papa Francisco visitó los Emiratos Árabes Unidos. Enemigos de larga data están convirtiéndose en socios. Antiguos adversarios encuentran nuevas oportunidades de cooperación. Y los descendientes de Isaac e Ismael se están reuniendo para una causa común, como nunca antes. Esta conferencia histórica es una demostración de que es cierto que se ha dado inicio a una nueva era.

Junto con nuestros aliados, Estados Unidos ha desplegado la plena potencia de nuestras fuerzas militares para expulsar al terrorismo islámico radical de la faz de la tierra.

Hemos librado la lucha contra los terroristas islámicos radicales en sus propios términos, y en su territorio. El presidente Trump otorgó a nuestros comandantes en el terreno la autoridad que necesitan para atacar a ISIS y lograr que se repliegue. Y gracias a la valentía de nuestras fuerzas armadas y los esfuerzos de nuestros 78 socios en la coalición, hemos liberado a millones de personas: iraquíes, sirios, árabes, kurdos, musulmanes, cristianos, hombres, mujeres y niños. Y muy pronto, el territorio del califato de ISIS dejará de ser tal.

Ante estos logros, el presidente Trump ha anunciado que Estados Unidos empezará a traspasar la lucha a nuestros socios en la región y a traer a nuestros soldados de regreso.

Este es un cambio de tácticas, no un cambio de misión. Estados Unidos seguirá manteniendo una sólida presencia en la región. Reconocemos que no bastará para recuperar el territorio del califato. Al iniciar esta nueva etapa, Estados Unidos seguirá acompañando codo a codo a todos nuestros aliados y a aquellos que asuman un papel más preponderante en esta campaña.

Y al trabajar con nuestros socios en la coalición, seguiremos yendo tras lo que queda de ISIS, en todos los sitios y todas las veces que asomen su cabeza. Y Estados Unidos seguirá acompañando con firmeza a todos nuestros socios en la región, para convertir a Medio Oriente en un lugar seguro para la paz, la prosperidad y la promoción de los derechos humanos.

Y con el liderazgo del Presidente Trump, Estados Unidos de América mantiene el pleno compromiso de lograr una paz duradera entre israelíes y palestinos.

En Siria, el presidente Trump desplegó el poderío militar estadounidense, junto con nuestros aliados franceses y británicos, para lanzar ataques militares de precisión, en respuesta al uso por parte de Siria de agentes químicos neurotóxicos contra su población. Estados Unidos y sus aliados nunca tolerarán el uso de armas químicas contra hombres, mujeres y niños inocentes. Estamos preparados para disuadir cualquier otro uso de armas químicas por el régimen de Asad.

Con estas acciones y posiciones, además de otras, Estados Unidos ha estado fortaleciendo antiguas alianzas y forjando nuevas asociaciones. El presidente Trump es un líder que aspira a conducir al mundo libre mediante la fortaleza. Apoyaremos a nuestros aliados y defenderemos nuestros valores en todo momento.

Estados Unidos nunca dejará de apoyar a su aliado, Israel. Nunca dejaremos de denunciar ataques contra víctimas inocentes o contra la prensa libre e independiente, incluso mientras seguimos exigiendo que los responsables del homicidio de Jamal Khashoggi sean llevados ante la justicia.

Pero hoy estamos aquí por lo que nos une: nuestro compromiso común de promover la seguridad, la prosperidad y los derechos humanos en Medio Oriente, y nuestra responsabilidad compartida de hacer frente a la amenaza individual más significativa que se interpone a que ese futuro auspicioso sea posible.

Anoche fue un momento notable. Al inicio de esta histórica conferencia, líderes de toda la región acordaron que la máxima amenaza para la paz y la seguridad en Medio Oriente es la República Islámica de Irán.

Este mismo mes, hace 40 años, los mulás se hacían del control de ese país. Y cada año desde entonces, han apoyado a agentes y milicias terroristas como Hizbulá y Hamás, han exportado misiles y han instigado conflictos en Siria, Yemen y otros territorios.

El régimen iraní es el principal Estado promotor del terrorismo a nivel mundial. Han bombardeado embajadas estadounidenses, asesinado a cientos de soldados de EE.UU. e, incluso hoy, tienen como rehenes a ciudadanos de Estados Unidos y otras naciones occidentales.

Irán ha desafiado sanciones impuestas por Estados Unidos, ha violado resoluciones y ha planificado atentados terroristas en suelo europeo.

Como lo ha manifestado el presidente Trump, “El régimen iraní ha financiado su largo sistema de caos y terror dilapidando la riqueza de su propio pueblo”.

El régimen autoritario en Teherán reprime la libertad de expresión y de reunión, persigue a minorías religiosas, somete a mujeres, ejecuta a personas gay y promueve abiertamente la destrucción del Estado de Israel. El mismo ayatolá Khamenei ha señalado que “La misión de la República Islámica de Irán es borrar a Israel del mapa”.

Más tarde hoy, mi esposa y yo participaremos en una ceremonia de homenaje en el memorial a los combatientes judíos del Gueto de Varsovia. Y mañana rendiremos homenaje a los mártires del Holocausto, en nuestra primera visita a Auschwitz.

Desde los años sombríos de la ocupación nazi, el pueblo de Polonia sabe muy bien que el antisemitismo no solo es algo equivocado, sino además maligno. Y el antisemitismo debe ser enfrentado, en cado momento y en cada lugar donde se manifieste, y debe ser condenado en forma universal.

Pero más allá de su retórica de odio, el régimen iraní promueve abiertamente otro Holocausto y procura los medios para lograrlo. Irán pretende recrear el antiguo Imperio Persa bajo la dictadura contemporánea de los ayatolás. Mientras hablamos, ese régimen pretende generar un corredor de influencia que se extiende por Irak, Siria y el Líbano, y aspira a crear un paso libre para sus ejércitos y su ideología. Y ha dejado tras de sí devastación total, desde el inicio.

En Siria, los soldados iraníes han mantenido al régimen de Asad y han favorecido a la despiadada guerra que ese dictador lanzó contra su propia población.

En el Líbano, el actor subsidiario del Líbano, Hizbulá, acumuló un arsenal de más de 100.000 proyectiles y misiles, con sistemas de localización avanzados proporcionados por Irán.

En Yemen, rebeldes hutíes disparan proyectiles de fabricación iraní mientras combaten contra el gobierno, propagando el caos en todo el país.

Y en Irak, las milicias apoyadas por Irán operan fuera del control de gobierno iraquí y actúan contra intereses estadounidenses, amenazan a minorías y se apropian de asistencia internacional vital destinada contribuir a que Irak se recupere del yugo de ISIS.

E Irán, con toda su injerencia, no ha hecho más que agudizar la crisis humanitaria sin precedentes que existe en toda la región. En Siria, más de 5,7 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus casas.

En Yemen, más de un millón de personas han contraído cólera, y millones más no tienen acceso a agua limpia. El hambre es un fenómeno tan extendido que, cada diez minutos, muere un niño por causas totalmente prevenibles.

Y en Irak, a pesar de que se ha diezmado al califato de ISIS, más de 1,8 millones de iraquíes todavía no han regresado a sus hogares.

La difícil situación de los oprimidos en Medio Oriente —y la amenaza que representan sus opresores— ha puesto en acción a Estados Unidos.

Gracias a la valentía de nuestras fuerzas armadas, más de 5 millones de personas ahora están libres del yugo de ISIS.

Y con la generosidad del pueblo estadounidense, Estados Unidos ha brindado más de USD 9.000 millones de ayuda humanitaria y asistencia civil para los afectados por distintas crisis en Medio Oriente, es decir, más que cualquier otra nación en la faz de la tierra.

Estados Unidos de América ha sido un promotor del bien en Medio Oriente. Sin embargo, con el régimen de los mulás en Irán, para su pueblo han transcurrido 40 años de represión, 40 años de terror y 40 años de fracaso.

Y por demasiado tiempo Estados Unidos deseó que desaparecieran los riesgos de un islamismo radical que está viciando a las vertientes suníes y chiitas del islam, una radicalización que pretende aplastar cualquier forma de disenso o divergencia.

El deseo de la administración anterior de que hubiera paz a cualquier precio hizo que hicieran concesiones inaceptables a nuestro enemigo común, el enemigo de nuestros aliados y socios en Medio Oriente.

Pero desde el primer día de esta administración, el presidente Trump prometió acompañar al buen pueblo de Irán y hacer frente a sus opresores. Y eso es justamente lo que hemos hecho.

El presidente Trump cumplió su promesa al retirar a Estados Unidos de América del desastroso pacto nuclear con Irán. El denominado Plan de Acción Integral Conjunto no impidió que Irán obtuviera un arma nuclear. Simplemente postergó el momento en el que ese nefasto régimen tendría acceso a las armas más letales del mundo.

Y cabe destacar que la visión general de quienes hablaron anoche en esta misma conferencia fue que Irán de hecho se ha vuelto más agresivo —y no menos— desde que se firmó el PAIC.

Estados Unidos volvió a aplicar sanciones que nunca deberían haber sido levantadas en primer lugar, y hemos lanzado una nueva campaña para impedir que el régimen financie el terrorirsmo y la destrucción que lo caracterizan en todo el mundo.

Y desde entonces, los EAU han cancelado sus importaciones de condensado iraní. Bahréin está exponiendo a los agentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que están activos en ese país, y está trabajando para frenar las actividades marítimas ilícitas de Irán en la región. Y países de todo el mundo están trabajando para reducir a cero las importaciones de petróleo iraní.

Lamentablemente, algunos de nuestros principales socios europeos han sido mucho menos cooperadores. De hecho, han encabezado iniciativas para generar mecanismos que desarticulen nuestras sanciones.

Hace apenas dos semanas, Alemania, Francia y el Reino Unido anunciaron la creación de un mecanismo especial de financiamiento diseñado para supervisar una transacción inversa que sustituiría los pagos internacionales alcanzados por sanciones entre empresas de la UE e Irán.

A este mecanismo lo denominan “instrumento con finalidad especial (special purpose vehicle)”. Consideramos que es un intento de eludir las sanciones estadounidenses contra el régimen revolucionario homicida de Irán. Es un paso desacertado que no hará más que fortalecer a Irán, debilitar a la UE y profundizar incluso más la distancia entre Europa y Estados Unidos.

Algunos sostienen que Irán cumple técnicamente con los acotados términos del acuerdo. Pero el problema no es el cumplimiento; el problema es el pacto.

Hoy, las sanciones económicas de Estados Unidos contra Irán son las más severas de la historia y serán incluso más severas mientras Irán no cambie su comportamiento peligroso y desestabilizante. Como lo ha manifestado el presidente Trump, “Ya hubo suficiente sufrimiento, muerte y destrucción. Es momento de que termine”.

Ha llegado el momento de que nuestros socios europeos nos apoyen a nosotros y apoyen al pueblo iraní, así como a nuestros aliados y amigos en la región. Ha llegado el momento de que nuestros socios europeos se retiren del pacto nuclear con Irán y nos acompañen mientras despleguemos la presión económica y diplomática necesaria para que el pueblo iraní, la región y el mundo obtengan la paz, la seguridad y la libertad que merecen.

No debemos permitir que esta oportunidad se nos escape. En junio de 2009, luego de que el régimen iraní robara una elección para aferrarse al poder, la administración anterior se negó a alzar la voz cuando el pueblo iraní salió a las calles, en lo que se denominó “Movimiento Verde”. Recién cuando el Congreso actuó, Estados Unidos declaró su apoyo al pueblo iraní.

Como miembro del Congreso, tuve el privilegio de presentar una resolución bipartidista, aprobada por abrumadora mayoría, que mostró el apoyo del pueblo estadounidense, y recién entonces el gobierno hizo lo mismo. Pero poco después, los ayatolás y sus secuaces se escudaron en la cobardía del mundo para cometer homicidios, encarcelar a personas y aterrorizar a los iraníes que veneran la libertad.

La última vez, el mundo perdió una oportunidad para enfrentar al régimen, pero eso no ocurrirá esta vez. Esta vez, todos debemos mantenernos firmes. Mientras la economía iraní se sigue desplomando, y el pueblo de Irán sale a las calles, las naciones que veneran la libertad deben mantenerse unidas para lograr que el régimen iraní rinda cuentas por el daño y la violencia que ha causado a su población, a la región y al mundo en general.

Entonces, a todos ustedes que están reunidos aquí y que comparten esta visión de paz y seguridad en Medio Oriente, les hago una promesa en nombre del Presidente de Estados Unidos y del pueblo estadounidense: si nos apoyan en esta noble causa, nosotros los apoyaremos. Juntos, avanzaremos hacia un futuro común, basado en las mejores tradiciones del pasado.

Es notable que hace casi 4.000 años un hombre abandonó su hogar en el Ur de Caldea para emprender un largo trayecto hacia el norte. No tenía corona. No comandaba ningún ejército. No obraba milagros. Y no hacía profecías. No obstante ello, se le prometió, en palabras antiguas, “descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo”.

Actualmente, judíos, cristianos y musulmanes —más de la mitad de la población de la Tierra y casi todas las personas en Medio Oriente— veneran a Abraham como su antepasado en la fe. Y lo es.

Reunidos en esta histórica conferencia, creo que sobre ese pilar de la tradición abrahámica, podemos encontrar un pilar firme para un futuro más próspero para todos los pueblos y todas las religiones de Medio Oriente. No tiene por qué ser solamente algo que imaginemos. Está ocurriendo verdaderamente, mientras hablamos.

Alcanza con mirar la Ciudad Vieja de Jerusalén, como ejemplo de lo que podría ocurrir también en toda la región. Allí, vemos a fieles de las tres grandes religiones en contacto constante unos con otros. Vemos que cada fe cobra vida de formas nuevas y renovadas cada día.

En el Noble Santuario (Haram al-Sharif), vemos las cabezas inclinadas de jóvenes musulmanes orando. En la Iglesia del Santo Sepulcro, vemos a un niño cristiano recibiendo el derecho de bautismo. Y en el Muro de los Lamentos, vemos a un niño judío celebrando el bar mitzvá. Lo que vemos allí puede lograrse y perdurar en Medio Oriente. Esa es la visión que tiene el presidente Trump. Y esa es la esperanza y la aspiración de las personas que veneran la paz en nuestra nación y en el mundo en general.

Por eso, es un honor estar con todos ustedes hoy. A todas sus Excelencias aquí presentes, y a nuestro país anfitrión, Polonia, les expreso mi agradecimiento. Muchas gracias por estar aquí.

Y a todos aquellos que dudan de si podrá finalmente haber paz en Medio Oriente, creo que deberían reflexionar sobre la promesa que se le hizo al hombre que mencioné antes, que hizo ese trayecto hace tantos siglos. Fue una promesa, en palabras antiguas, que anunció “serás bendecido”.

Creo fervientemente que podemos renovar esa bendición para todos los pueblos de la región y del mundo, para nosotros y nuestra posteridad. Si lo hacemos con fe y lo hacemos juntos, creo que Dios nos bendecirá con la paz. Entonces, comencemos esa tarea. Muchas gracias y que Dios los bendiga. (Aplausos).

FIN

12:58 p.m. hora central europea


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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