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EE.UU. e Israel: Una amistad para la libertad

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Departamento de Estado de los Estados Unidos
Oficina de la Portavoz
Para su divulgación inmediata
8 de julio de 2019
Centro de Convenciones Walter E. Washington
Washington D.C.

Secretario de Estado Michael R. Pompeo

 

SECRETARIO POMPEO: Buenas tardes a todos. Gracias. (Aplausos).

PÚBLICO: EE.UU., EE.UU., EE.UU., EE.UU., EE.UU. (Aclamaciones).

SECRETARIO POMPEO: Buenas tardes. Buenas tardes a todos. Me dijeron que habría muchas personas aquí. Seguramente así habrá sido ser parte de la multitud en la multiplicación de los panes y los peces. (Risas). Qué milagro aquel.

Y hoy, quiero hablarles sobre asuntos serios y contarles algunas historias importantes sobre el camino que tenemos por delante. En primer lugar, quiero agradecerle al pastor John Hagee por invitarme a compartir este momento con ustedes. (Aplausos). Es verdaderamente reconfortante como Secretario de Estado saber que hay tantos estadounidenses alentando la misión del presidente Trump de hacer que nuestra relación con Israel sea más fuerte que nunca. (Aplausos).

Todos saben que Israel es un socio importante. Es un aliado. Israel es un amigo. ¿Podrían decir amén?

PÚBLICO: Amén.

SECRETARIO POMPEO: Quiero comenzar mis declaraciones diciéndoles algo que ustedes ya saben, pero que muchas personas no: Los cristianos en Estados Unidos se encuentran entre los mejores amigos de Israel. (Aplausos).

Esto no es algo nuevo. El apoyo cristiano en Estados Unidos para Sion —la patria judía— se remonta a la época de los primeros colonos puritanos, y ha perdurado por siglos. En realidad, nuestro segundo presidente, años antes, declaró: “Realmente deseo ver a los judíos otra vez en Judea como una nación independiente”.

Y luego, un poco más recientemente, hace poco más de cien años, en 1916, un destacado evangélico estadounidense llamado William Blackstone ayudó a convencer al presidente Woodrow Wilson de apoyar la Declaración Balfour. Esa fue la propia declaración de apoyo del Reino Unido a “un hogar-nación para el pueblo judío”.

Ese documento contribuyó a sentar las bases para lo que ocurrió en 1948, cuando un bautista de Missouri llevó a cabo un increíble acto de valentía política. Debemos recordar esas épocas. Se trataba de un mundo que se estaba recuperando de la furia de la Segunda Guerra Mundial, de personas de todo los países que regresaban a sus países de origen. Y el presidente Truman dijo en voz alta a uno de sus asistentes: “Todos los demás que han sido sacados por la fuerza de su país tienen un lugar adonde regresar. Pero los judíos no tienen adónde ir”.

Entonces, el presidente Truman, increíble y valientemente, decidió reconocer este nuevo Estado. Lo hizo el mismo día en que su primer ministro primero, David Ben Gurion, leyó en voz alta la declaración de independencia en Tel Aviv. A veces damos esto por hecho, pero no fue una decisión fácil para el presidente. Casi todos sus asesores, militares y diplomáticos le habían aconsejado que no tomara esa decisión.

Pero él sabía —el presidente sabía— que era lo correcto. Más tarde dijo: “Me pregunto cuán lejos habría llegado Moisés si hubiera hecho una encuesta en Egipto”. (Risas). Continuó. Continuó diciendo: ¿Qué habría predicado Jesucristo si hubiera hecho una encuesta en Israel?” (Risas). Y “¿Qué habría sido de la Reforma si Martín Lutero hubiera hecho una encuesta? No son las encuestas ni la opinión pública del momento lo que cuenta. Es [hacer] lo que está bien y lo que está mal, y actuar con liderazgo”. (Aplausos).

Ustedes tienen un presidente como ese ahora, también. (Aplausos). Nadie, nadie estuvo más agradecido por la valiente decisión de Truman que el propio pueblo judío. En 1949, el Gran Rabino de Israel vino a ver al presidente Truman. Le dijo, según contó: “Dios lo puso a usted en el vientre de su madre para que pudiera ser el instrumento que diera lugar al renacimiento de Israel después de dos mil años”. Y se dice que al presidente se le llenaron los ojos de lágrimas.

El Rabino luego abrió la Biblia y leyó las palabras del rey Ciro, un verdadero amigo para Israel. Eran del Libro de Esdras. Leyó que “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y Él me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá”.

Me llena de inmenso orgullo saber que manos estadounidenses ayudaron a construir la moderna casa de Israel. (Aplausos).

Nuestra bienvenida, la bienvenida estadounidense, del nuevo Estado judío a la familia de naciones fue una de las decisiones diplomáticas más trascendentales del siglo XX, no solo en términos del mapa mundial, sino como una declaración al mundo de quiénes somos como estadounidenses. (Aplausos). Demostró, y continuamos demostrando, que defendemos la dignidad humana, que defendemos la justicia y que defendemos la independencia.

Han pasado unos 70 años desde aquel momento. Estados Unidos tiene una relación increíblemente única e importante con Israel, una relación que personalmente atesoro y por la que me enorgullece trabajar cada día para que se mantenga. (Aplausos).  

En mayo, tuve la oportunidad de hablar en la celebración del Día de la Independencia de Israel. Fue justo aquí en Washington. El embajador Dermer tuvo la amabilidad de invitarme y darme la oportunidad de decir algunas palabras. Hablé sobre los lazos inquebrantables que nacen de nuestro amor en común por la libertad.

El moderno estado de Israel es la única nación verdaderamente libre en todo Medio Oriente. Tiene un enorme respeto por la libertad religiosa, un tema que está en muchos de nuestros corazones estos días. Aquí también el compromiso de Israel ilumina el camino para el resto de Medio Oriente y, en realidad, para todo el mundo. Ningún país es perfecto, pero Israel, como Estados Unidos, se mantiene en un nivel increíblemente alto.

Israel es una nación en la que la mayoría de la población es judía, pero el gobierno no impone las creencias judías a los demás.

Sino todo lo contrario: su Declaración de Independencia garantiza la “plena libertad de conciencia, de culto, de educación y de cultura”.

Israel permite la conversión de sus ciudadanos para que dejen el judaísmo, la religión mayoritaria.

De hecho, el año pasado, el Knéset – el parlamento en Israel ‒ aprobó una ley que prohíbe la discriminación en las contrataciones contra trabajadores que se niegan a trabajar en su día de descanso.

Comparemos esto con muchos países del mundo. Comparemos la veneración de Israel por la libertad con las restricciones sobre la libertad religiosa que enfrentan los cristianos y las personas de todas las religiones en el resto del Medio Oriente:

En muchos países, si un musulmán abandona el Islam se considera una apostasía y se castiga, de hecho, con la muerte.

En Irak, Siria y otros países de la región, los últimos restos de antiguas comunidades cristianas están cerca de la extinción, debido a la persecución de ISIS y otros actores maliciosos. Solo un ejemplo: antes de 2003 había alrededor de 1,5 millones de cristianos que vivían en Irak. Hoy, tristemente, son cerca de 250.000.

Este gobierno ha hecho un verdadero esfuerzo para proteger a los cristianos y a otras minorías religiosas amenazadas en Irak y en otras partes, y estamos logrando avances. (Aplausos). La llama de la existencia de los cristianos no debe apagarse. No se los debe privar de sus derechos inalienables —los derechos inalienables de los cristianos en Medio Oriente— de su derecho a la libertad de culto. (Aplausos).

La persecución de la fe es especialmente intensa dentro de la República Islámica de Irán. La adhesión militante del régimen a principios perniciosos de la Revolución Islámica preceptúa todos los elementos de la vida, y especialmente la supresión de otras religiones.

En Irán, el código penal contempla la pena de muerte para los musulmanes que se conviertan a otra religión.

El gobierno no reconoce a los conversos al cristianismo. Impone golpizas y reclusión en régimen de aislamiento a los cristianos que sean hallados profesando su culto en violación de lo que dicta el gobierno.

El año pasado, un tribunal iraní impuso penas de prisión de 10 años a cuatro cristianos iraníes que estaban “actuando contra la seguridad nacional” por, textualmente, “promover el sionismo cristiano” y hacer funcionar iglesias en casas. Esto es algo que conocemos en Estados Unidos.

En cambio, en lugar de seguir el procedimiento de citación normal, las autoridades allanaron sus viviendas, los golpearon y les aplicaron descargas con armas eléctricas. Luego los llevaron a la Prisión de Evin, un calabozo del régimen en Teherán.

Cada día rezo, y les pido que ustedes también lo hagan, por nuestros hermanos y hermanas en Irán, y no solo por ellos, sino también por las personas de todas las religiones que son perseguidas allí, en Irán. (Aplausos).

Soy de Kansas, y allí —sí, me encanta— tenemos a la gente de Kansas. Estoy seguro de que hay más, solo que son personas que no hacen alboroto. (Risas). Muchas personas tienen la idea equivocada de que los evangélicos estadounidenses quieren imponer una teocracia en Estados Unidos. Quisiera que les preocupara la verdadera imposición de la teocracia que ha estado ocurriendo en Irán durante las últimas cuatro décadas. (Aplausos). Los ayatolás han privado gravemente al pueblo iraní de ese derecho más básico, simple, fundamental, su derecho al culto.

Esa misma doctrina retorcida e intolerante que alimenta la persecución dentro de Irán también ha llevado a los ayatolás y a sus colaboradores a gritar: “muerte a Israel” desde hace cuatro décadas. Algo similar al grito que provino de Irán —que en ese momento se llamaba Persia—, hace muchos, muchos años. El Libro de Ester nos enseña al respecto. Fue en el siglo V a. C. Había un asesor maligno *de nombre rey Jerjes.* Un sujeto llamado Hamán tramó un complot para matar a todos los judíos en el Imperio Persa. Escribió cartas en secreto con el sello del rey a todos los gobernadores provinciales, en las que ordenaba que el pueblo se levantara y atacara a los judíos. Este edicto, una vez emitido, no podía revocarse. Pero gracias a la valiente intervención de la reina Ester, que le rogó al rey que mostrara clemencia a su pueblo, el complot de Hamán quedó en evidencia y los judíos finalmente estuvieron a salvo. Hoy este hecho se recuerda en la festividad judía de Purim que conmemora este asombroso milagro. (Aplausos).

Quería contarles esta historia hoy por varios motivos, porque amenazas similares al pueblo judío han marcado también otras eras; piensen en la destrucción de Jerusalén por parte de los romanos, los atroces pogromos a lo largo de toda la historia europea, y el holocausto.  Los judíos han sido blanco de ataques en todas las épocas de la historia. Y como dice el Libro de Eclesiastés: “No hay nada nuevo bajo el sol”.

Pero gracias a Dios. Gracias a Dios tenemos a un líder en el presidente Trump, un inquebrantable amigo de Israel. (Aplausos). Su compromiso, el compromiso del presidente Trump, es el más férreo de la historia, y llevar ese compromiso a la acción ha sido una de las mejores partes de mi trabajo. (Aplausos).

Ustedes conocen las historias, pero hemos implementado la campaña de mayor presión en la historia contra el régimen iraní, y no hemos terminado. (Aplausos).

Hemos recortado miles de millones en fondos que los líderes de la República Islámica de Irán habrían utilizado para fines nefastos, de los cuales uno de los más significativos habrían sido sus esfuerzos para destruir el Estado de Israel.

También durante la presidencia de Trump, los que odian a Israel como Hamas y Hizbulá y la Yihad Islámica reciben mucho menos dinero espurio de Irán para llevar adelante sus objetivos terroristas que nunca antes en la historia reciente. (Aplausos).

El presidente Trump también ha mantenido los fondos anuales de asistencia para seguridad de US$ 4.000 millones para Israel.

Y hemos respetado la decisión de Israel de reclamar como propios los Altos del Golán. (Aplausos). El Señor me sonrió. Fue en Israel, el mismo día en que se hizo el anuncio. Estaba con el primer ministro Netanyahu —mi esposa Susan y yo pudimos cenar con él y su esposa— el mismo día de ese anuncio. Fue realmente extraordinario estar allí con el Primer Ministro el día en que nuestro Presidente hizo ese anuncio histórico. (Aplausos).

Dentro del Departamento de Estado, también, hemos reforzado la lucha contra el antisemitismo. Es una conversación que mantengo todo el tiempo. De hecho, mantuve una con el arzobispo de Canterbury en mayo pasado. Fui el primer Secretario de Estado estadounidense en reunirse con el titular de este obispado que existe desde el siglo VI. Durante nuestra reunión pensaba que el cargo de Secretario de Estado es un cargo antiguo, histórico, y luego me di cuenta de que el suyo tenía alrededor de 1200 años más. (Risas).

Nosotros también, en el Departamento de Estado, hemos promovido la libertad religiosa en nuestra política exterior. Esto es algo que ha estado faltando por mucho tiempo. El año pasado, organicé la primera reunión de ministros de Relaciones Exteriores de todo el mundo dedicada exclusivamente a promover la libertad religiosa. Y lo repetiremos a mediados de julio. (Aplausos).

Pienso que hemos puesto a la ONU sobre aviso, también, de que su sesgo contra Israel ya no será tolerado. (Aplausos).

Y si bien no estuve allí el día en que ocurrió, pude viajar en dos oportunidades para ver nuestra embajada, la embajada del Departamento de Estado, que fue trasladada a Jerusalén para reconocer la simple realidad de Jerusalén, la capital de Israel, ahora y siempre. (Aplausos).

El otro aspecto extraordinario acerca de este gobierno es que vivimos en un mundo muy real y por ese motivo pude declarar en marzo pasado una simple verdad, que el antisionismo es en realidad antisemitismo. Punto. Punto final. (Aplausos).

Es asimismo una bendición acompañar a otros países como Israel que defienden la libertad, porque en efecto todo se trata de eso aquí en Estados Unidos.

Terminaré con esto hoy. Quiero volver a mencionar a ese presidente, el presidente Truman, una vez más. Dijo esto sobre Estados Unidos en sus memorias. Escribió lo siguiente:

“Nuestro país tiene por objeto hacer todo lo que esté a su alcance, en colaboración con otras naciones, para ayudar a propiciar la paz y mantener la paz en [todo] el mundo. Tiene la misión de defender los valores espirituales —el código moral— de las vastas fuerzas del mal que pretenden destruirlos”.

Eso es lo que hace Estados Unidos cuando acompaña a Israel todos los días. Eso es lo que (inaudible) de Estado cada día.

Sepan que mientras este gobierno trabaja, deseo que sus oraciones me acompañen en este trabajo.

Que Dios los bendiga.

Que Dios bendiga a Israel.

Y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.

Muchas gracias a todos. (Aplausos).


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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