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Comentarios en la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores

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COMENTARIOS
JOHN J. SULLIVAN, SUBSECRETARIO DE ESTADO
NUEVA YORK, NY
23 DE SEPTIEMBRE DE 2019

 

Buenas tardes. Gracias, Sr. Presidente, Vicepresidentes y delegados. La reunión de hoy de los países democráticos del Hemisferio Occidental marca un punto de inflexión para la horrible crisis de Venezuela. Su presencia aquí envía un mensaje rotundo de que la libertad y la democracia son valores que nuestras naciones aprecian; los dictadores y los tiranos enfrentarán la responsabilidad por los crímenes contra sus ciudadanos, y nosotros, como región, estamos unidos contra la represión del narcoestado ilegítimo del régimen de Maduro.

Es un gran honor estar con ustedes hoy en este Órgano de Consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Como elemento esencial del sistema interamericano, más antiguo que la propia Organización de Estados Americanos, la reunión de hoy sobre el Tratado de Río proporciona un foro crítico y legal para la acción regional adicional con el fin de apoyar la búsqueda de liberarse de la tiranía por parte del pueblo venezolano.

Como todos saben, los Estados Parte del Tratado de Río se reunieron la última vez a raíz de los brutales ataques terroristas en mi propio país. Estos ataques, en esta misma ciudad, se cobraron casi 3,000 vidas estadounidenses el 11 de septiembre de 2001. Nosotros, como Estados Unidos de América, no olvidaremos nunca ese horrible día ni la solidaridad regional que ustedes mostraron al apoyarnos.

Ahora, el pueblo venezolano ha pedido asistencia mutua a sus vecinos democráticos para “mantener la paz y la seguridad interamericana” como se describe en el Tratado. La brutal dictadura y el narcoestado del régimen ilegítimo de Nicolás Maduro no solo representan una grave amenaza para el pueblo venezolano, sino que también amenazan directamente la “defensa común” y la “paz y seguridad del continente”, tal como se definen estos términos en el Tratado de Río.

El noventa por ciento de los venezolanos vive en la pobreza y más de 4.4 millones de personas han huido de Venezuela, lo que representa el mayor desplazamiento forzado de personas en nuestro hemisferio, solo superado por la crisis humanitaria en Siria a escala mundial. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos condenó las violaciones cometidas por el ex régimen de Maduro, incluidos unos 7,000 asesinatos desde 2018 a manos de sus fuerzas de seguridad. Las fuerzas de Maduro torturaron al capitán de la Armada venezolana Rafael Acosta tan gravemente que murió bajo su custodia. El concejal Fernando Albán también murió bajo su custodia, arrojado a su muerte después de regresar a Venezuela tras su participación en los eventos de la AGNU aquí en Nueva York el año pasado.

Hemos sido testigos de cómo este régimen silencia a los medios de comunicación, encarcela a los disidentes e intenta desmantelar todos los elementos de la democracia, incluida la Asamblea Nacional. Hemos visto en múltiples ocasiones cómo este régimen ha manipulado negociaciones bien intencionadas como una táctica dilatoria, incluida la ronda más reciente del Proceso de Oslo, donde se negaron a discutir los elementos necesarios para alcanzar una resolución de la crisis: un gobierno de transición para organizar elecciones libres y justas. El pueblo venezolano no puede esperar más.

Migración masiva, riesgos para la salud pública, escasez de petróleo, aumento de la delincuencia y la violencia, grupos criminales que operan con impunidad y mecenas rusos, chinos y cubanos: todo esto desestabiliza la seguridad regional y la capacidad de nuestros países para proteger a nuestros ciudadanos y avanzar en la prosperidad económica. En resumen, el ex régimen de Maduro es una clara amenaza para la paz y la seguridad en el Hemisferio Occidental.

Y seamos claros: lo que la gente está sufriendo hoy no fue causado por una guerra o un desastre natural. Tampoco fue causado por sanciones internacionales, como el régimen quiere hacer creer a otros. La avaricia desenfrenada del régimen de Maduro y su ansia de poder causaron esta crisis humanitaria. Mediante la cleptocracia masiva y la mala gestión económica, llevaron a uno de los países más ricos del hemisferio al colapso económico total. No podemos, no debemos aceptar que nadie más que Maduro sea responsable de esta catástrofe.

El pueblo venezolano lidera el esfuerzo de cambio, pero no puede resolver esta crisis solo. Algunos de nosotros ya hemos dado un paso unilateralmente para ayudar al pueblo de Venezuela. Estados Unidos lidera el esfuerzo de proporcionar asistencia humanitaria a quienes más la necesitan. A principios de este mes, anuncié una ayuda humanitaria adicional de $120 millones durante una visita a la frontera colombiano-venezolana, lo que elevó la asistencia humanitaria total de los EE. UU. a más de $376 millones desde 2017.

Y debemos reconocer el tremendo apoyo brindado por Colombia a más de 1.5 millones de venezolanos que han huido de sus hogares, y el apoyo de países de todo el hemisferio, desde Brasil hasta Ecuador, Curazao, Perú y otros. Para detener el sufrimiento venezolano y responder a las consecuencias humanitarias en nuestro hemisferio, debemos continuar trabajando juntos como un todo.

Nuestras decisiones aquí hoy pueden ayudar a restablecer la trayectoria de Venezuela y, al hacerlo, reafirmar nuestro compromiso con la Carta Democrática Interamericana. Con esa Carta, acordamos que “los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla”.

Las palabras en papel solo son tan buenas como las acciones que fluyen de ellas. El Tratado de Río brinda una oportunidad a la región para tomar finalmente medidas correctivas. Recomendamos encarecidamente a todos a que apoyen el proyecto de resolución para permitir que la región responsabilice a los funcionarios del ex régimen de Maduro por violaciones de los derechos humanos, corrupción, tráfico de narcóticos y sus numerosos delitos financieros.

Entendemos que la resolución compromete a todos nuestros países, por ejemplo, a identificar o designar a personas y entidades relevantes para que tomen las medidas apropiadas cuando los hechos lo respalden y sean coherentes con la legislación nacional. De hecho, en el caso de los Estados Unidos, ya hemos identificado y designado personas asociadas con estos crímenes.

Hemos revocado más de 700 visas y sancionado a más de 200 personas y entidades. Pero los funcionarios clave de Maduro han utilizado esta situación para enriquecerse, lo que ha paralizado al pueblo venezolano. Estas sanciones han paralizado la capacidad del régimen de beneficiarse de su comportamiento ilícito.

Estados Unidos ha apoyado y continuará apoyando al pueblo venezolano y los esfuerzos del Presidente Interino Guaidó para restaurar la democracia. Esperamos con interés la discusión de hoy sobre medidas adicionales que la región, conjuntamente, puede tomar para ver a Venezuela volver a ser un país libre y próspero. Gracias.


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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