rss

Enfoque estratégico de Estados Unidos con respecto a la República Popular China

English English, العربية العربية, Français Français, हिन्दी हिन्दी, Português Português, 中文 (中国) 中文 (中国)

La Casa Blanca
Secretaría de Prensa
Para difusión inmediata
Washington, D.C.
20 de mayo de 2020

 

Introducción

Desde que Estados Unidos y la República Popular China (RPC) establecieran relaciones diplomáticas en 1979, la política estadounidense con respecto a la RPC ha estado basada principalmente en la esperanza de que una mayor interacción impulsaría fundamentalmente la apertura económica y política en la RPC y llevaría a que emergiera como un actor mundial constructivo y responsable, con una sociedad más abierta. Más de 40 años después, ha quedado claro que este enfoque subestimó el interés del Partido Comunista Chino (PCC) de limitar el alcance de la reforma económica y política en China. En las últimas dos décadas, las reformas se han ralentizado, paralizado o retrocedido. El rápido desarrollo económico de la RPC y su mayor interacción con el mundo no tuvieron como resultado la aproximación a un orden centrado en los ciudadanos, libre y abierto que esperaba Estados Unidos. El PCC ha elegido en cambio explotar el orden libre y abierto basado en las normas y ha intentado redefinir el sistema internacional a su favor. Pekín reconoce abiertamente que su intención es transformar el orden internacional para alinearlo con los intereses y la ideología del PCC. El creciente uso de poder económico, político y militar por parte del PCC para obligar al asentimiento de las naciones perjudica intereses vitales de Estados Unidos y socava la soberanía y la dignidad de países e individuos en todo el mundo.

Para responder al desafío que plantea Pekín, la Administración [de Estados Unidos] ha adoptado un enfoque de competencia con la RPC basado en la evaluación realista de las intenciones y acciones del PCC, la reevaluación de las diversas ventajas y desventajas estratégicas de Estados Unidos, y la tolerancia de una mayor fricción bilateral. Nuestro enfoque no se basa en determinar un estado final específico para China, sino que nuestra meta es proteger los intereses nacionales vitales de Estados Unidos, según se expresan en los cuatro pilares de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América (NSS, por sus siglas en inglés) de 2017. Nuestras metas son las siguientes:

(1) Proteger al pueblo estadounidense, la patria y estilo de vida; (2) promover la prosperidad estadounidense; (3) preservar la paz mediante la fortaleza; e (4) impulsar la influencia estadounidense.

Nuestro enfoque de competencia con la RPC tiene dos objetivos. En primer lugar, mejorar la resiliencia de nuestras instituciones, alianzas y asociaciones a fin de poder superar los desafíos que plantea la RPC. En segundo lugar, lograr que Pekín a suspenda o reduzca las acciones que son perjudiciales para los intereses nacionales vitales de Estados Unidos y nuestros aliados y socios. Aunque competimos con la RPC, aceptamos la cooperación en aquellas áreas en las cuales nuestros intereses se encuentran alineados. No es necesario que la competencia lleve a situaciones de confrontación o conflicto. Estados Unidos tiene un profundo y firme respeto por el pueblo chino y mantiene vínculos con China desde hace mucho tiempo. No pretendemos limitar el desarrollo de China ni deseamos dejar de participar con el pueblo chino. Estados Unidos espera participar en justa competencia con la RPC, de modo que ambos países, así como sus empresas y personas, puedan tener seguridad y prosperidad.

Para prevalecer en la competencia estratégica con la RPC se necesita participar de manera cooperativa con múltiples partes interesadas, y la Administración ha asumido el compromiso de entablar alianzas para proteger nuestros intereses y valores compartidos. Los socios fundamentales de esta Administración incluyen el Congreso, los gobiernos estatales y locales, el sector privado, la sociedad civil y el ámbito académico. El Congreso ha explicado a través de audiencias, declaraciones e informes el comportamiento malicioso del PCC. También ha proporcionado fuentes legales y recursos para que el gobierno de Estados Unidos pueda tomar medidas orientadas a lograr nuestros objetivos estratégicos. La Administración también reconoce las medidas que han adoptado aliados y socios para elaborar enfoques más realistas y sólidos con respecto a la RPC, por ejemplo, la publicación “UE-China: Una perspectiva estratégica” por la Unión Europea en marzo de 2019.

Estados Unidos también está entablando asociaciones de cooperación y desarrollando alternativas positivas con aliados extranjeros, socios y organizaciones internacionales para apoyar los principios compartidos de un orden libre y abierto. Muchas de estas iniciativas son específicas para la región del Indopacífico y se describen en documentos como el informe del Departamento de Defensa de junio de 2019 denominado “Informe acerca de la estrategia sobre el Indopacífico” [Indo-Pacific Strategy Report] y otro del Departamento de Estado, de noviembre de 2019, titulado “Un Indopacífico libre y abierto: Avanzando una visión compartida” [A Free and Open Indo-Pacific: Advancing a Shared Vision]. Estados Unidos trabaja junto con otros actores que comparten visiones y enfoques similares, tales como los expresados en el documento “Perspectiva sobre la región del Indopacífico” [Outlook on the Indo-Pacific] de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la visión de Japón de un Indopacífico libre y abierto, la política de seguridad y crecimiento para todos de la India, la concepción de Australia para la región del Indopacífico, la nueva política de la República de Corea relativa al sur y la nueva política de Taiwán para el sur.

En este informe no se pretende describir en detalle toda la gama de acciones e iniciativas de políticas que la Administración está llevando a cabo en todo el mundo como parte de su competencia estratégica. Más bien, se concentra en la implementación de la Estrategia de Seguridad Nacional en la medida en que se aplica más directamente a la RPC.

Desafíos

La RPC actualmente presenta numerosos desafíos para los intereses nacionales de Estados Unidos.

1. Desafíos económicos

El deficiente historial de Pekín en el cumplimiento de compromisos sobre reforma económica y su amplio uso de políticas y prácticas proteccionistas impulsadas por el Estado perjudican a empresas y trabajadores estadounidenses, distorsionan los mercados globales, violan las normas internacionales y contaminan el medioambiente. Cuando la RPC accedió a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, Pekín aceptó adoptar el enfoque de mercado abierto de la OMC e incorporar estos principios en su sistema de comercio e instituciones. Los miembros de la OMC esperaban que China continuara en esta senda de reforma económica y se transformara en una economía y régimen de comercio orientados al mercado.

Estas esperanzas no se concretaron. Pekín no interiorizó las normas y prácticas de comercio e inversión basadas en la competencia, y en cambio explotó los beneficios de ser miembro de la OMC para convertirse en el mayor exportador mundial, al tiempo que protege sistemáticamente sus mercados internos. Las políticas económicas de Pekín han llevado a un exceso de capacidad industrial masiva que distorsiona los precios mundiales y permite que China expanda su participación en el mercado global a costa de competidores que operan sin las ventajas injustas que Pekín ofrece a sus empresas. La RPC conserva su estructura económica no basada en el mercado y su enfoque mercantilista liderado por el Estado en materia de comercio e inversiones. Del mismo modo, las reformas políticas han quedado estancadas y han retrocedido, y la separación entre el gobierno y el partido se está desdibujando. La decisión del secretario general Xi de eliminar los límites al período del mandato presidencial, y extender indefinidamente el suyo, es muestra de estas tendencias.

En 2018, el Representante de Comercio de Estados Unidos (United States Trade Representative, USTR) publicó el documento “Conclusiones de la investigación de leyes, políticas y prácticas de China en relación con la transferencia de tecnología, propiedad intelectual e innovación conforme a la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 (Findings of the Investigation into China’s Acts, Policies, and Practices Related to Technology Transfer, Intellectual Property, and Innovation under Section 301 of the Trade Act of 1974), en el que determinó que numerosas leyes, políticas y prácticas del gobierno de la RPC eran irrazonables o discriminatorias, y representan una carga para el comercio de Estados Unidos o lo limitan. En función de una rigurosa investigación, el USTR determinó que la RPC: (1) exige o presiona a empresas estadounidenses para que transfieran su tecnología a entidades chinas; (2) impone restricciones sustanciales a la capacidad de las empresas estadounidenses para otorgar bajo licencia su tecnología en condiciones de mercado; (3) ordena y facilita de manera desleal la adquisición de empresas y activos estadounidenses por parte de empresas nacionales para obtener tecnologías de vanguardia; y (4) realiza y apoya intrusiones cibernéticas no autorizadas en redes de empresas estadounidenses para tener acceso a información confidencial y secretos comerciales.

La lista de compromisos de Pekín para poner fin a sus prácticas económicas predatorias está plagada de promesas incumplidas y vacuas. En 2015, Pekín prometió que pondría fin al robo cibernético de secretos comerciales dirigido por el gobierno para obtener ventajas comerciales, y reiteró esa misma promesa en 2017 y 2018. Más tarde en 2018, Estados Unidos y una docena de otros países atribuyeron campañas globales de intrusión informática contra propiedad intelectual e información comercial confidencial a operadores relacionados con el Ministerio de Seguridad Estatal de la RPC, en contravención al compromiso asumido por Pekín en 2015. Desde la década de 1980, Pekín ha firmado múltiples acuerdos internacionales para proteger la propiedad intelectual. A pesar de ello, más del 63 % de las falsificaciones del mundo tienen su origen en China, y esto representa daños por cientos de miles de millones de dólares para empresas legítimas en todo el mundo.

Si bien Pekín reconoce que China es ahora una “economía madura”, la RPC continúa argumentando en sus negociaciones con los organismos internacionales, incluida la OMC, que todavía es un “país en desarrollo”. A pesar de ser el principal importador de productos de alta tecnología y de ubicarse en el segundo puesto luego de Estados Unidos en términos de producto bruto interno, gastos de defensa e inversión externa, China se autodesigna como un país en desarrollo para justificar políticas y prácticas que distorsionan sistemáticamente múltiples sectores en todo el mundo, y perjudican a Estados Unidos y a otros países.

La “Franja y la Ruta” (One Belt One Road, OBOR) es el término general que utiliza Pekín para describir diversas iniciativas, muchas de las cuales parecen estar diseñadas para reformular normas, estándares y redes internacionales para hacer avanzar los intereses globales y la visión de Pekín, y a la vez atender los requisitos económicos internos de China. A través de OBOR y otras iniciativas, la RPC está ampliando el uso de estándares industriales chinos en sectores claves de la tecnología, como parte de un esfuerzo para fortalecer la posición de sus propias empresas en el mercado global a costa de empresas no chinas. Los proyectos que Pekín ha identificado como parte de OBOR incluyen: transporte, tecnología de la información y las comunicaciones, e infraestructura energética; parques industriales; colaboración de los medios de comunicación; intercambios en ciencia y tecnología, programas sobre cultura y religión; e, incluso cooperación militar y en materia de seguridad. Pekín también está procurando arbitrar disputas comerciales relacionadas con OBOR a través de sus propios tribunales especializados, que responden al PCC. Estados Unidos recibe con beneplácito las contribuciones de China al desarrollo sostenible de alta calidad congruente con las mejores prácticas internacionales, sin embargo, los proyectos de OBOR con frecuencia operan muy por fuera de estos estándares y se caracterizan por su baja calidad, corrupción, degradación ambiental, falta de supervisión pública o participación de la comunidad, préstamos poco transparentes, y contratos que generan o exacerban problemas de gobernabilidad y fiscales en los países anfitriones.

Dado el empleo cada vez mayor de ventajas económicas por parte de Pekín para conseguir concesiones políticas de otros países o lograr represalias contra ellos, Estados Unidos considera que Pekín intentará transformar proyectos de OBOR en influencia política indebida y acceso militar. Pekín apela a una combinación de amenazas e incentivos para presionar a gobiernos, élites, empresas, centros de pensamiento y otros actores, a menudo de manera poco transparente, a observar las reglas del PCC y censurar la libertad de expresión. Pekín ha restringido el comercio y el turismo con Australia, Canadá, Corea del Sur, Japón, Noruega, Filipinas, y otros países, y ha detenido a ciudadanos canadienses, en su intento por interferir en los procesos políticos y judiciales internos de estos países. Después de que Dalai Lama visitara Mongolia en 2016, el gobierno de la RPC impuso nuevos aranceles sobre las exportaciones de minerales de Mongolia, un país sin litoral, que pasan por China, y paralizó así momentáneamente la economía de Mongolia.

Pekín busca el reconocimiento global de sus esfuerzos en materia ambiental y afirma promover el “desarrollo ecológico”. Sin embargo, China ha sido, con amplia diferencia, el mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero durante más de una década. Pekín ha planteado compromisos de reducción de emisiones imprecisos e inexigibles que permiten que las emisiones de China continúen incrementándose hasta “aproximadamente el año 2030”. El crecimiento proyectado de las emisiones de China superará las reducciones combinadas del resto del mundo. Las empresas chinas también exportan a países en desarrollo cientos de centrales eléctricas a carbón que son contaminantes. La RPC es asimismo la mayor fuente de contaminación marina por plástico, con descargas de más de 3,5 millones de toneladas métricas anuales en el océano. La RPC se ubica en primer lugar en el mundo en cuanto a pesca ilegal, no declarada y no reglamentada en aguas de países costeros en todo el mundo, lo cual constituye una amenaza para las economías locales y un perjuicio para el medioambiente marino. La falta de voluntad de los líderes chinos para controlar estas prácticas perniciosas en todo el mundo no coincide con sus promesas retóricas de conservación ambiental.

2. Desafíos a nuestros valores

El PCC promueve a nivel mundial una propuesta de valores que se contrapone a la creencia fundamental estadounidense en el derecho inalienable de todas las personas a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Con la actual generación de líderes, el PCC ha acelerado sus esfuerzos por presentar su sistema de gobierno como un sistema más eficiente que los correspondientes a los que llama “países occidentales desarrollados”. Pekín deja en claro que se autopercibe como inmerso en una competencia ideológica con Occidente. En 2013, el secretario general Xi instó al PCC a prepararse para un “período de cooperación y conflicto de larga duración” entre dos sistemas rivales y declaró que el “capitalismo está destinado a morir y el socialismo está destinado a ganar”.

El PCC intenta que China sea un “líder global en términos de poder nacional integral e influencia internacional”, como expresó el secretario general Xi en 2017, al reforzar el concepto del “sistema de socialismo con características chinas”. Este sistema está afianzado en la interpretación que Pekín hace de la ideología marxista-leninista y combina una dictadura nacionalista y de partido único; una economía dirigida por el Estado; la puesta de la ciencia y la tecnología al servicio del Estado, y la subordinación de los derechos individuales para servir a los fines del PCC. Esto va en contra de los principios compartidos por Estados Unidos y muchos otros países afines con gobiernos representativos, libre empresa y la dignidad y el valor inherentes de cada individuo.

A nivel internacional, el PCC promueve la visión del secretario general Xi de gobernabilidad global bajo la consigna de “construir una comunidad de destino común para la humanidad”. Los esfuerzos de Pekín para forzar la uniformidad ideológica en el país, no obstante, presentan un panorama perturbador acerca de cómo es realmente una “comunidad” liderada por el PCC: (1) una campaña anticorrupción que ha eliminado la oposición política (2) procesamientos injustos de blogueros, activistas y abogados; (3) detenciones determinadas algorítmicamente de minorías étnicas y religiosas; (4) controles estrictos y censura de información, medios de comunicación, universidades, empresas y organizaciones no gubernamentales; (5) vigilancia y un sistema de puntuación de crédito social de ciudadanos, sociedades y organizaciones, y (6) detenciones arbitrarias, tortura y abuso contra personas percibidas como disidentes. En un ejemplo representativo de conformidad interna, funcionarios locales publicitaron un evento de quema de libros en una biblioteca comunitaria, para demostrar su alineación ideológica con el “pensamiento de Xi Jinping”.

Una consecuencia desastrosa de este enfoque en materia de gobernanza son las políticas de Pekín en Xinjiang, donde desde 2017, las autoridades han detenido a más de un millón de personas uigures y miembros de otras minorías étnicas y religiosas en campos de adoctrinamiento, en los que muchos son sometidos a trabajos forzados, adoctrinamiento ideológico y abuso físico y psicológico. Fuera de estos campos, el régimen ha instituido un estado policial que emplea tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y la biogenética para vigilar las actividades de minorías étnicas y asegurar la lealtad al PCC. La persecución religiosa generalizada, de cristianos, budistas tibetanos, musulmanes y miembros de Falun Gong, incluye actos como la demolición y profanación de lugares de culto, arrestos de creyentes pacíficos, renuncias forzadas a la fe, y la prohibición para criar a los hijos según las propias tradiciones religiosas.

La campaña del PCC para forzar la conformidad ideológica no termina en las fronteras de China. En los últimos años, Pekín ha intervenido en los asuntos internos de países soberanos con el objeto de manipular el consentimiento a sus políticas. Las autoridades de la RPC han intentado extender la influencia del PCC sobre expresiones y comportamientos en todo el mundo. Entre los ejemplos recientes se pueden mencionar empresas y equipos deportivos de Estados Unidos y el Reino Unido, y políticos en Australia y Europa. Actores de la RPC están exportando las herramientas del modelo tecnoautoritario del PCC a países de todo el mundo, al habilitar a Estados autoritarios a controlar a sus ciudadanos y vigilar a la oposición, capacitar a socios extranjeros en técnicas de propaganda y censura, y usar la recopilación de datos masivos para moldear la opinión pública.

La partitocracia de China controla el conjunto más extenso de herramientas propagandísticas del mundo. Pekín comunica su discurso a través de la televisión, prensa, radio y organizaciones en línea estatales cuya presencia está proliferando en Estados Unidos y en todo el mundo. El PCC suele ocultar las inversiones que realiza en medios de comunicación extranjeros. En 2015, trascendió que China Radio International controlaba 33 estaciones de radio en 14 países mediante entidades pantalla y que subsidiaba a múltiples intermediarios proporcionando contenidos gratuitos pro Pekín.

Además de los medios de comunicación, el PCC utiliza a una serie de actores para promover sus intereses en Estados Unidos y otras democracias abiertas. Organizaciones y agentes del Frente Unido del PCC se dirigen a empresas, universidades, centros de pensamiento, académicos, periodistas, y funcionarios locales, estatales y federales en Estados Unidos y todo el mundo, para intentar influir en su discurso y restringir la influencia externa dentro de la RPC.

Pekín suele intentar obligar o persuadir a ciudadanos chinos y a otros para que adopten diversos comportamientos maliciosos que amenazan la seguridad nacional y económica de Estados Unidos, y socavan la libertad académica y la integridad del sector estadounidense de investigación y desarrollo. Estos comportamientos incluyen la apropiación indebida de tecnología y propiedad intelectual, no divulgar debidamente relaciones con entidades patrocinadas por gobiernos extranjeros, incumplimientos de contratos y violaciones de confidencialidad, y manipulación de procesos para adjudicaciones de fondos federales destinados a investigación y desarrollo que sean imparciales y en función de los méritos. Pekín también intenta obligar a ciudadanos chinos a denunciar y amenazar a compañeros estudiantes chinos, protestar contra eventos que contravengan el discurso político de Pekín, y restringir de otras maneras la libertad académica que es el pilar y la fortaleza del sistema educativo estadounidense.

Medios de comunicación, periodistas, académicos y diplomáticos de la RPC son libres de operar en Estados Unidos, pero Pekín niega el acceso recíproco a las instituciones y funcionarios homólogos estadounidenses. El gobierno de la RPC niega habitualmente a los funcionarios estadounidenses, incluido el embajador de Estados Unidos en la RPC, el acceso a los Centros Culturales Estadounidenses financiados por el Departamento de Estado, que se encuentran ubicados en universidades chinas y tienen por objeto compartir la cultura estadounidense con el pueblo chino. Periodistas extranjeros que trabajan en la RPC enfrentan con frecuencia acoso e intimidación.

3. Desafíos con respecto a la seguridad

A medida que el poder de China ha aumentado, también ha crecido la voluntad y la capacidad del PCC de aplicar medidas intimidatorias y coercitivas en su afán de eliminar aquello que percibe como una amenaza para sus intereses y de promover sus objetivos estratégicos en todo el mundo. Las acciones de Pekín contradicen las manifestaciones de los líderes chinos de que se oponen a la amenaza o al uso de fuerza, de que no intervienen en los asuntos internos de otros países o de que están decididos a resolver disputas mediante el diálogo pacífico. Pekín contradice su retórica y se burla de sus compromisos para con sus vecinos al participar en actividades militares y paramilitares provocadoras y coercitivas en el mar Amarillo, mares de la China Oriental y de la China Meridional, el estrecho de Taiwán y las áreas de la frontera entre China y la India.

En mayo de 2019, el Departamento de Defensa [de Estados Unidos] emitió su informe anual al Congreso, “Acontecimientos militares y de seguridad relacionados con la RPC” [Military and Security Developments Involving the PRC], en el que se evalúan las trayectorias actuales y futuras de las estrategias de desarrollo militar-tecnológico, de seguridad y militares, de China, así como los conceptos organizacionales y operativos del Ejército Popular de Liberación (EPL). En julio de 2019, el ministro de Defensa de la RPC reconoció que la iniciativa de la “Franja y la Ruta” (OBOR) se relaciona con la aspiración expansionista de la RPC de extender la presencia del EPL en otros países y llegar incluso hasta lugares como las islas del Pacífico y el Caribe.

La escalada militar de Pekín representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y de sus aliados y plantea desafíos complejos para el comercio global y las cadenas de suministro. La estrategia de Fusión Cívil-Militar (FMC) de Pekín otorga al EPL acceso irrestricto a entidades civiles que desarrollen y adquieran tecnologías avanzadas, incluidas empresas estatales y privadas, universidades y programas de investigación. Mediante nexos poco transparentes con la FMC, empresas de Estados Unidos y de otros países aportan inadvertidamente tecnologías de doble uso a los programas de investigación y desarrollo militar de la RPC, lo cual fortalece la capacidad coercitiva del PCC para eliminar la oposición interna y amenazar a países extranjeros, incluidos aliados y socios de Estados Unidos.

Los intentos de la RPC de dominar la industria mundial de la tecnología de la información y de las comunicaciones mediante prácticas desleales se ponen de manifiesto en regulaciones discriminatorias, como la Ley de Ciberseguridad Nacional de la RPC, que exige a las empresas cumplir con medidas de localización de datos chinas que permiten que el PCC tenga acceso a datos extranjeros. Otras leyes de la RPC obligan a empresas como Huawei y ZTE a cooperar con los servicios de seguridad chinos, aunque operen en el extranjero, y esto genera vulnerabilidades en cuanto a la seguridad para países y empresas extranjeras que utilizan equipos y servicios de proveedores chinos.

Pekín se niega a cumplir su compromiso de proporcionar, de manera oportuna y sistemática, documentos de viaje a ciudadanos chinos con órdenes de remoción de Estados Unidos, y en la práctica bloquea remociones de nuestro país, generando riesgos de seguridad para comunidades estadounidenses. Asimismo, las violaciones de la RPC de nuestro tratado consular bilateral ponen en riesgo a los ciudadanos estadounidenses en China, muchos de los cuales se ven perjudicados por las prohibiciones de salida y las detenciones indebidas coercitivas del gobierno de la RPC.

Enfoque

La Estrategia de Seguridad Nacional exige que Estados Unidos “reconsidere las políticas de las últimas dos décadas que se basaban en la presunción de que la interacción con rivales y su inclusión en instituciones internacionales y en el comercio mundial los convertiría en actores benignos y socios confiables. La mayor parte de esta premisa resultó falsa. Los actores rivales utilizan medios propagandísticos y de otro tipo para intentar desacreditar la democracia. Promueven posturas antioccidentales y divulgan información falsa para generar divisiones entre nosotros, nuestros aliados y nuestros socios”.

Guiado por un retorno a un realismo basado en los principios, Estados Unidos está respondiendo al desafío directo que plantea el PCC reconociendo que compite con China estratégicamente y que protege sus intereses en consecuencia. Los principios del enfoque que Estados Unidos aplica con respecto a China se expresan tanto en la Estrategia de Seguridad Nacional como en la visión de Estados Unidos para la región del Indopacífico, a saber, soberanía, libertad, apertura, estado de derecho, lealtad y reciprocidad. Las relaciones entre Estados Unidos y China no determinan nuestra estrategia sobre el Indopacífico, sino que se incluyen dentro de la mencionada estrategia y en la Estrategia de Seguridad Nacional en general. De la misma manera, nuestra visión de una región del Indopacífico libre y abierta no excluye a China.

Estados Unidos aplica al gobierno de la RPC los mismos estándares y principios que a todos los países. Creemos que este es el trato que el pueblo chino desea y se merece de su propio gobierno y de la comunidad internacional. Dadas las opciones estratégicas que están realizando los líderes de China, Estados Unidos ahora reconoce y acepta la relación con la RPC tal como el PCC siempre la ha encuadrado internamente: una de competencia entre grandes potencias.

Las políticas de Estados Unidos no se basan en intentar cambiar el modelo de gobierno interno de la RPC ni atienden al relato del PCC sobre excepcionalismo y victimización. Más bien, se han concebido para proteger nuestros intereses y darles a nuestras instituciones herramientas para soportar el comportamiento malicioso del PCC y los daños colaterales que surjan debido a los problemas de gobierno internos de la RPC. Solo el pueblo chino puede determinar si la RPC en algún momento se alineará con los principios de un orden libre y abierto. Reconocemos que es Pekín, y no Washington, quien tiene poder de decisión sobre las medidas de gobierno que se tomen en la RPC y es responsable de estas.

Estados Unidos rechaza los intentos del PCC de establecer una falsa equivalencia entre el estado de derecho y el imperio de la ley; entre la lucha contra el terrorismo y la opresión; entre el gobierno representativo y la autocracia; y entre la competencia basada en el mercado y el mercantilismo dirigido por el Estado. Estados Unidos continuará objetando la propaganda de Pekín y los falsos relatos que distorsionan la verdad y pretenden desmerecer los valores e ideales estadounidenses.

De manera similar, Estados Unidos no acepta ni aceptará las acciones de Pekín que debiliten un orden internacional libre, abierto y basado en las normas. Continuaremos refutando el relato del PCC de que Estados Unidos se encuentra en una retirada estratégica o de que eludirá sus compromisos en materia de seguridad internacional. Estados Unidos trabajará con su sólida red de aliados y socios de mentalidad similar para resistir los ataques a sus normas y valores compartidos, dentro de nuestras propias instituciones de gobierno, en todo el mundo y en organizaciones internacionales.

Las generosas aportaciones del pueblo estadounidense al desarrollo de China merecen quedar registradas en la historia; tampoco pueden negarse los destacados logros del pueblo chino en la era de la reforma y la apertura. Sin embargo, las tendencias negativas de las políticas y prácticas de Pekín amenazan el legado del pueblo chino, al igual que la posición que ocuparán en el mundo en el futuro.

Pekín ha demostrado en reiteradas oportunidades que no ofrece compromisos en respuesta a las demostraciones de buena voluntad de Estados Unidos y que sus acciones no están limitadas por sus compromisos anteriores de respetar nuestros intereses. En ese sentido, Estados Unidos responde a las acciones de la RPC más que a los compromisos enunciados por ese país. A su vez, no atendemos las demandas de Pekín de crear una “atmósfera” o “condiciones” adecuadas para el diálogo.

De la misma manera, Estados Unidos no considera valioso interactuar con Pekín de manera simbólica y para montar un espectáculo; más bien exigimos resultados tangibles y constructivos. Reconocemos y respondemos en especie al enfoque transaccional de Pekín, con incentivos y costos oportunos, o amenazas creíbles de estos. Cuando la diplomacia discreta pruebe ser inútil, Estados Unidos aumentará la presión pública sobre el gobierno de la RPC y tomará medidas para proteger sus intereses utilizando costos proporcionales cuando sea necesario.

El gobierno de la RPC no ha cumplido sus compromisos en muchas áreas, entre ellas las siguientes: comercio e inversiones, libertad de expresión y de culto; interferencia política; libertades de navegación y sobrevuelo; ciberespionaje, robo cibernético y otros tipos de robo y espionaje; proliferación de armas; protección ambiental; y salud mundial. Los acuerdos con Pekín deben incluir mecanismos estrictos de verificación y aplicación.

Hablamos con sinceridad al pueblo chino y esperamos sinceridad de los líderes de la RPC. En cuestiones diplomáticas, Estados Unidos respondió apropiadamente a las amenazas poco sinceras o vagas del PCC y se alinea junto a sus aliados y socios para resistir la coerción. Por medio de nuestra participación continuada y sincera, Estados Unidos recibe con beneplácito la cooperación de China para ampliar los objetivos compartidos y trabajar en ellos en pro de la paz, la estabilidad y la prosperidad mundiales. Nuestro enfoque no excluye a la RPC. Estados Unidos está preparado a recibir de buen grado los aportes positivos de China.

Tal como implican los principios de nuestro enfoque antes mencionados, la competencia necesariamente incluye interactuar con la RPC, pero nuestras interacciones son selectivas y orientadas a los resultados, y cada una de ellas debe favorecer nuestros intereses nacionales. Tratamos con la RPC para negociar y exigir el cumplimiento de los compromisos y asegurar la justicia y reciprocidad; aclarar las intenciones de Pekín a fin de evitar malentendidos; y resolver disputas para prevenir escaladas. Estados Unidos ha asumido el compromiso de mantener canales de comunicación abiertos con la RPC para reducir riesgos y gestionar crisis. Esperamos que la RPC también mantenga estos canales abiertos y receptivos.

Implementación

De conformidad con la Estrategia de Seguridad Nacional del Presidente, los lineamientos políticos, económicos y de seguridad expuestos en este informe procuran proteger a la población y la patria estadounidenses, promover la prosperidad de Estados Unidos, preservar la paz mediante la fortaleza e impulsar una visión libre y abierta en el extranjero. Durante los primeros tres años de la Administración, Estados Unidos ha dado pasos significativos en la implementación de esta estrategia con respecto a China.

1. Proteger al pueblo estadounidense, la patria y el estilo de vida estadounidense

La Iniciativa sobre China del Departamento de Justicia (DOJ) de Estados Unidos y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) han destinado recursos a identificar y enjuiciar el robo de secretos comerciales, piratería y casos de espionaje económico; y han intensificado los esfuerzos de protección frente a la inversión extranjera maliciosa en infraestructura estadounidense, amenazas a las cadenas de suministro y agentes extranjeros que intentan influir en la política estadounidense. Por ejemplo, el DOJ informó a la empresa de medios estatal de la RPC CGTN-America sobre su obligación de inscribirse como agente extranjero, conforme esto se especifica en la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (Foreign Agents Registration Act, FARA), que obliga a quienes se inscriben a divulgar sus actividades a las autoridades federales y clasificar adecuadamente los materiales informativos que distribuyen. CGTN-America posteriormente se registró conforme a la ley FARA.

La Administración también está actuando en respuesta a la propaganda del PCC en Estados Unidos, mostrando los comportamientos maliciosos, contrarrestando discursos falsos y exigiendo transparencia. Funcionarios de Estados Unidos, incluidos miembros de la Casa Blanca y los Departamentos de Estado, Defensa y Justicia, están encabezando iniciativas para informar al público estadounidense sobre el modo en que el gobierno de la RPC se aprovecha de nuestra sociedad libre y abierta para promover una agenda del PCC que es contraria a los intereses y valores estadounidenses. En un esfuerzo por lograr reciprocidad en materia de acceso, el Departamento de Estado ha implementado una política que exige que los diplomáticos chinos notifiquen al gobierno de Estados Unidos antes de reunirse con funcionarios de los gobiernos estatales y locales e instituciones académicas.

La Administración está trabajando para generar conciencia y combatir de manera activa la posibilidad de que Pekín coopte y coaccione a sus propios ciudadanos y a otras personas en instituciones académicas en Estados Unidos, más allá del espionaje y los esfuerzos de influencia tradicionales. Trabajamos con las universidades para proteger los derechos de los alumnos chinos en los campus estadounidenses, brindar información para contrarrestar la propaganda y desinformación que impulsa el PCC y asegurar que se entiendan los códigos de conducta ética en el entorno académico de Estados Unidos.

Los estudiantes chinos representan la mayor cantidad de alumnos extranjeros en Estados Unidos en la actualidad. Estados Unidos valora las contribuciones de los alumnos e investigadores chinos. En 2019, el número de estudiantes e investigadores chinos en Estados Unidos alcanzó un récord histórico, mientras que la cantidad de denegaciones a las solicitudes de visados estudiantiles presentados por solicitantes chinos se ha reducido en forma constante. Estados Unidos apoya firmemente los principios de la expresión académica abierta y acoge favorablemente a los estudiantes e investigadores internacionales que persiguen objetivos académicos legítimos. Estamos mejorando los procesos para detectar a la minoría reducida de solicitantes chinos que intentan ingresar en Estados Unidos con falsas pretensiones o intenciones malignas.

En la comunidad de investigación estadounidense, organismos federales como los Institutos Nacionales de la Salud y el Departamento de Energía han incorporado actualizaciones y aclaraciones a las reglamentaciones y procedimientos a fin de asegurar que se cumplan los estándares de conducta y comunicación aplicables, así como para mejorar la transparencia y evitar conflictos de intereses. El Comité Conjunto sobre el Ambiente de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología está trabajando en la formulación de estándares para las investigaciones financiadas con fondos federales, así como mejores prácticas para las instituciones de investigación de Estados Unidos. El Departamento de Defensa trabaja para verificar que aquellos que reciben subvenciones no tengan además contratos con programas de reclutamiento profesional de China, a la vez que se sigue recibiendo favorablemente a investigadores extranjeros.

Para impedir que actores extranjeros malintencionados consigan acceso a redes de información de Estados Unidos, el presidente emitió la Orden ejecutiva para el aseguramiento de la tecnología de la información y las comunicaciones y la cadena de suministro de servicios, así como la Orden ejecutiva para el establecimiento del Comité de la evaluación de la participación extranjera en el sector de servicios de telecomunicaciones de Estados Unidos. La implementación de estas órdenes ejecutivas impedirá que algunas empresas vinculadas al aparato de inteligencia y seguridad de adversarios extranjeros, o que responden a estos, puedan, entre otras cosas, acceder de manera inmediata a información privada y delicada del gobierno de Estados Unidos, el sector privado de Estados Unidos y personas individuales estadounidenses. A fin de que se proteja nuestra información a nivel mundial, incluidos los datos militares delicados y de inteligencia, Estados Unidos colabora activamente con sus aliados y socios, incluso en foros multilaterales, para promover una serie de estándares comunes orientados a establecer plataformas de comunicaciones seguras, resilientes y de confianza en los que se apoya la economía global de la información. A fin de conminar a Pekín a observar normas de comportamiento estatal responsable, Estados Unidos colabora con aliados y socios afines para atribuir responsabilidad por ciberactividades maliciosas y disuadir estas.

La Administración está implementando una Ley de modernización de la evaluación de riesgos de las inversiones extranjeras para actualizar y fortalecer la capacidad del Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos (Committee on Foreign Investment in the United States, CFIUS) de atender las crecientes inquietudes en materia de seguridad nacional por la explotación extranjera de las estructuras de inversión, anteriormente fuera de la jurisdicción del CFIUS. Esto incluye impedir que empresas chinas se aprovechen del acceso a la innovación estadounidense mediante inversiones minoritarias, con el objeto de modernizar las fuerzas militares chinas. Estados Unidos ha actualizado sus reglamentaciones sobre control de exportaciones, particularmente ante la estrategia de fusión cívil-militar común a toda la sociedad adoptada por Pekín, y sus intentos de adquirir tecnologías avanzadas vinculadas con la hipersónica, la informática cuántica, la inteligencia artificial, la biotecnología y otras tecnologías emergentes y fundacionales. También colaboramos con aliados y socios para ayudarlos a desarrollar sus propios mecanismos de seguimiento de inversiones extranjeras y para actualizar e implementar los controles a las exportaciones de manera colaborativa, a través de regímenes multilaterales y otros foros.

El gobierno de Estados Unidos también está adoptando medidas concretas para proteger a los consumidores estadounidenses de los productos falsificados y de calidad inferior. Entre 2017 y 2018, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos confiscó más de 59 000 cargamentos de productos falsificados producidos en la RPC, por un valor superior a 2.100 millones de dólares. Esto representa un volumen cinco veces superior al total de cargamentos y valor confiscados a todos los demás países extranjeros juntos.

Además de vestimenta, calzado, bolsos y relojes con etiquetas falsificadas, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos interceptó tres cargamentos con 53.000 piezas de armas y productos electrónicos ilegales chinos que podrían haber puesto en riesgo la seguridad y la privacidad de empresas y consumidores estadounidenses. Los organismos de aplicación de la ley de Estados Unidos también toman medidas contra productos farmacéuticos y cosméticos falsificados de origen chino, que se ha detectado que contienen altos niveles de contaminantes, incluidas bacterias y desechos animales, lo cual representa un riesgo para los consumidores estadounidenses.

Estados Unidos trabaja con las autoridades chinas para erradicar la circulación letal de fentanilo ilegal de origen chino que llega desde la RPC a Estados Unidos. En diciembre de 2018, el presidente obtuvo un compromiso de su homólogo chino de controlar todas las formas de fentanilo en la RPC. Con la vigencia del régimen regulatorio chino desde mayo de 2019, los organismos de aplicación de la ley de Estados Unidos y la RPC intercambian datos de inteligencia y actúan en coordinación para establecer las condiciones de las medidas de cumplimiento orientadas a disuadir a productores y traficantes de drogas de China. Asimismo, Estados Unidos trabaja con las agencias postales de China para mejorar el rastreo de pequeños paquetes con fines de aplicación de la ley.

2. Promover la prosperidad estadounidense

En respuesta a las prácticas comerciales y políticas industriales injustas y abusivas de la RPC que se encuentran documentadas, la Administración está tomando enérgicas medidas para proteger a las empresas, trabajadores y agricultores de Estados Unidos, y para poner fin a las prácticas de Pekín que han contribuido a socavar la base manufacturera estadounidense. Estados Unidos ha asumido el compromiso de volver a equilibrar la relación económica entre Estados Unidos y China. Nuestro enfoque, que abarca a la totalidad del gobierno, apoya el comercio justo e impulsa la competitividad de Estados Unidos, promueve las exportaciones estadounidenses y derriba las barreras que frenan injustamente el comercio y las inversiones de Estados Unidos. Habiendo intentando sin éxito, desde el año 2003, persuadir a Pekín para que cumpla sus compromisos económicos a través de diálogos periódicos de alto nivel, Estados Unidos está confrontando las prácticas de transferencia tecnológica forzada y propiedad intelectual de China que distorsionan el mercado, imponiendo costos en forma de aranceles sobre los bienes de procedencia china que ingresen en Estados Unidos. Esos aranceles continuarán vigentes hasta que Estados Unidos y la RPC celebren la fase dos de un acuerdo comercial que se considere justo.

Como respuesta a la negativa sostenida de Pekín ante la solicitud de reducción o eliminación de los subsidios que distorsionan el mercado, así como también del exceso de capacidad, Estados Unidos impuso aranceles para proteger nuestras industrias de acero y aluminio, que son de importancia estratégica. En relación con las prácticas comerciales desleales de China que se encuentran sujetas a la resolución de controversias ante la OMC, Estados Unidos continúa llevando adelante y ganando múltiples casos. Por último, para combatir la competencia desleal y los subsidios de China en diversos sectores industriales, el Departamento de Comercio está aplicando más eficientemente las leyes estadounidenses contra la competencia desleal y sobre derechos compensatorios que administraciones anteriores.

En enero de 2020, Estados Unidos y la RPC firmaron la fase uno de un acuerdo económico y comercial que exige reformas estructurales y otros cambios al régimen económico y comercial de China, y aborda varias cuestiones que, desde hace mucho tiempo, preocupan a Estados Unidos. El acuerdo prohíbe a la RPC forzar o presionar a las empresas extranjeras a que transfieran su tecnología como condición para hacer negocios en China; fortalece la protección y la observancia de los derechos de propiedad intelectual en China en todas las áreas clave; crea nuevas oportunidades de mercado en China para los servicios agrícolas y financieros de Estados Unidos superando las barreras que plantean las políticas; y aborda prácticas desleales, de larga data, relativas a las divisas. El acuerdo también establece un sólido mecanismo de resolución de controversias que asegura la implementación y la aplicación oportunas y efectivas. Al abordar las barreras estructurales que afectan al comercio y hacer que los compromisos se tornen plenamente exigibles, la fase uno del acuerdo ampliará las exportaciones de Estados Unidos a China. Como parte de este acuerdo, la RPC se ha comprometido, en los próximos dos años, a incrementar las importaciones de bienes y servicios estadounidenses en no menos de 200.000 millones de dólares, en cuatro categorías amplias: productos manufacturados, agricultura, energía y servicios. Este acuerdo representa un avance fundamental hacia una relación comercial más equilibrada y condiciones más equitativas para los trabajadores y las compañías estadounidenses.

En el ámbito interno, el Gobierno está tomando medidas para fortalecer la economía estadounidense y promover los sectores económicos del futuro, como la tecnología 5G, a través de reformas tributarias y una vasta agenda en materia de desregulación. La Orden ejecutiva sobre mantenimiento del liderazgo estadounidense en materia de inteligencia artificial, emitida por el presidente, es un ejemplo de una iniciativa del gobierno estadounidense para promover la inversión y la colaboración a efectos de asegurar que Estados Unidos mantenga su liderazgo en innovación y en la adopción de estándares para una industria en crecimiento.

Junto con otros países que comparten esta perspectiva, Estados Unidos promueve una visión económica basada en los principios de soberanía, libre mercado y desarrollo sostenible. Junto con la Unión Europea y con Japón, Estados Unidos participa de un sólido proceso de tres partes que busca desarrollar disciplinas para empresas estatales, subsidios industriales y transferencias forzosas de tecnología. También continuaremos trabajando con nuestros aliados y socios para asegurar que los estándares industriales discriminatorios no se transformen en estándares globales. Por su posicionamiento como el mercado de consumo más valioso del mundo, la mayor fuente de inversiones extranjeras directas y la principal fuente de innovación tecnológica mundial, Estados Unidos trabaja de manera amplia con aliados y socios para evaluar los desafíos comunes así como para coordinar respuestas eficaces que permitan asegurar la continuidad de la paz y la prosperidad. Trabajamos en estrecha colaboración con compañías estadounidenses para aumentar su competitividad en los ámbitos nacional e internacional, al tiempo que promovemos el desarrollo sostenible a través de programas como Prosper Africa, América Crece en América Latina y el Caribe, así como el programa “Mejorar el desarrollo y el crecimiento a través de la energía” en la región del Indopacífico.

3. Preservar la paz mediante la fortaleza

La Estrategia de Defensa Nacional de 2018 otorga prioridad a la competencia a largo plazo con China y hace hincapié en la modernización y las asociaciones para contrarrestar los avances tecnológicos, el desarrollo de fuerzas y la presencia y afirmación cada vez mayores en el plano internacional del Ejército Popular de Liberación. Tal como se describió en el documento Revisión de la postura nuclear, la Administración está dando prioridad a la modernización de la tríada nuclear, que incluye el desarrollo de capacidades complementarias para disuadir a Pekín del uso de sus armas de destrucción masiva o de llevar a cabo otros ataques estratégicos. Por su parte, Estados Unidos continúa instando a los líderes de China a que se abran al diálogo e inicien conversaciones sobre el control de armas y la reducción de riesgos estratégicos, en su papel de potencia nuclear con un arsenal nuclear moderno y en aumento, así como la mayor colección mundial de sistemas de vectores de rango intermedio. Estados Unidos considera que es en interés de todas las naciones mejorar la transparencia de Pekín, prevenir los errores de cálculo y evitar costosas acumulaciones de armas.

El Departamento de Defensa está actuando con rapidez para crear plataformas hipersónicas, aumentar las inversiones en capacidades cibernéticas y espaciales, y desarrollar capacidades de fuego más letales basadas en plataformas resilientes, adaptables y económicas. En su conjunto, estas capacidades buscan disuadir y contrarrestar las ambiciones cada vez mayores de Pekín, y la tendencia del Ejército Popular de Liberación hacia la paridad tecnológica y la superioridad.

Como parte de nuestro programa mundial de operaciones de libertad de navegación, Estados Unidos está oponiendo resistencia a las afirmaciones hegemónicas y reclamaciones excesivas de Pekín. Las fuerzas militares de Estados Unidos continuarán ejerciendo el derecho de navegar y operar en cualquier lugar donde el derecho internacional lo permita, incluido el mar de la China Meridional. Defendemos a los aliados y socios regionales y brindamos asistencia en materia de seguridad para ayudarlos a ampliar sus capacidades para resistir a los intentos de Pekín de usar sus fuerzas militares, paramilitares y de aplicación de la ley para coaccionar e imponerse en las controversias. En 2018, las fuerzas militares de Estados Unidos retiraron la invitación para que el Ejército Popular de Liberación participara en el ejercicio de la cuenca del Pacífico (Rim of the Pacific) que se realiza cada dos años, debido al envío, por parte de Pekín, de sistemas de misiles avanzados a posiciones artificiales en el mar de la China Meridional.

Las alianzas y asociaciones más sólidas son un pilar fundamental de la Estrategia de Defensa Nacional. Estados Unidos está ampliando la capacidad de sus socios y profundizando la interoperabilidad a fin de desarrollar una presencia operativa avanzada con credibilidad para el combate, totalmente integrada con aliados y socios para disuadir e impedir cualquier agresión de la RPC. La política de transferencia de armas convencionales de la Administración tiene por objeto promover las ventas de armas de Estados Unidos y agilizar la transformación de las capacidades militares de los socios de un modo estratégico y complementario. En junio de 2019, el Departamento de Defensa publicó su primer Informe sobre estrategia en el Indopacífico [Indo-Pacific Strategy Report], en el cual se articula la implementación de la Estrategia de Defensa Nacional por parte de ese Departamento y nuestra estrategia del gobierno en su totalidad para la región del Indopacífico.

Estados Unidos continuará manteniendo sólidas relaciones no oficiales con Taiwán, de conformidad con nuestra política de “una sola China”, sobre la base de la Ley de Relaciones con Taiwán (Taiwan Relations Act) y los tres comunicados conjuntos de Estados Unidos y la RPC. Estados Unidos sostiene que cualquier diferencia que cruce el estrecho debe ser resuelta pacíficamente y de acuerdo con la voluntad del pueblo en ambas partes, sin recurrir a amenazas ni a la coerción. Si Pekín no cumple con los compromisos asumidos en los comunicados, tal como lo demuestra su acumulación militar masiva, obliga a Estados Unidos a continuar asistiendo a las fuerzas militares de Taiwán para que puedan mantener una autodefensa plausible, que disuada las agresiones y contribuya a garantizar la paz y la estabilidad en la región. En un memorándum de 1982, el presidente Ronald Reagan insistió en “que la cantidad y calidad de las armas suministradas a Taiwán dependen plenamente de la amenaza que plantee la RPC”. En 2019, Estados Unidos aprobó la venta de armas a Taiwán por valor de más de 10.000 millones de dólares.

Estados Unidos continúa con su compromiso de mantener una relación constructiva, orientada a los resultados, con la RPC. Estados Unidos lleva a cabo contactos e intercambios de defensa con la RPC para comunicar intenciones estratégicas; prevenir y gestionar crisis; reducir los riesgos de errores de cálculo y malentendidos que podrían transformarse en conflictos; y colaborar en áreas de intereses comunes. Las fuerzas militares estadounidenses tratan con el Ejército Popular de Liberación para desarrollar mecanismos eficaces de comunicación en situaciones de crisis, incluidos canales con capacidad de respuesta para el apaciguamiento de situaciones en escenarios imprevistos.

4. Impulsar la influencia estadounidense

Durante las últimas siete décadas, el orden internacional libre y abierto ha aportado la estabilidad necesaria para que los Estados independientes soberanos prosperen y contribuyan a un crecimiento económico global sin precedentes. Como país desarrollado de envergadura y un importante beneficiario de este orden, la RPC debería ayudar a garantizar la libertad y la apertura para otros países del mundo. Cuando en lugar de ello Pekín promueve o encubre el autoritarismo, la autocensura, la corrupción, la economía mercantilista y la intolerancia de la diversidad étnica y religiosa, Estados Unidos lidera los esfuerzos internacionales para resistir y contrarrestar estas actividades perniciosas.

En 2018 y 2019, el secretario de Estado organizó la primera de dos reuniones ministeriales para promover la libertad religiosa. Junto con el llamado mundial a la protección de la libertad religiosa sin precedentes que hizo el presidente durante la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) en septiembre de 2019, estos eventos reunieron a líderes mundiales para abordar la persecución religiosa a nivel mundial. Durante ambas reuniones ministeriales, Estados Unidos y países socios emitieron declaraciones conjuntas en las que instan al gobierno de la RPC a respetar los derechos de las comunidades uigures y de otras poblaciones de musulmanes túrquicos, budistas tibetanos, cristianos, y simpatizantes de Falun Gong, que enfrentan represión y persecución en China. En febrero de 2020, el Departamento de Estado lanzó la primera Alianza Internacional por la Libertad Religiosa, con 25 socios afines, para defender el derecho de cada persona a profesar su culto sin temor. El presidente se reunió con disidentes y supervivientes chinos al margen de la reunión ministerial de 2019 y compartió el escenario durante la AGNU con víctimas de persecución religiosa de China. Estados Unidos también continúa apoyando a los defensores de derechos humanos y a organizaciones de la sociedad civil independientes que trabajan en China o en temas relacionados con este país.

En octubre de 2019 en las Naciones Unidas en Nueva York, Estados Unidos se unió a países que comparten su visión para condenar las continuas violaciones de derechos humanos de Pekín y otras políticas represivas en Xinjiang que atentan contra la paz y la seguridad internacionales. Este último evento tuvo lugar tras las acciones del gobierno de Estados Unidos para frenar las exportaciones estadounidenses a determinadas agencias gubernamentales y empresas de tecnología de vigilancia chinas que son cómplices en las violaciones de derechos humanos en Xinjiang, así como para denegar visados de Estados Unidos a funcionarios chinos responsables de violar los compromisos de Pekín conforme al derecho internacional de los derechos humanos, así como a familiares de esos funcionarios. Estados Unidos también ha iniciado acciones para bloquear las importaciones de mercancías chinas producidas con mano de obra forzada en Xinjiang.

Estados Unidos seguirá manteniendo una postura de principios contra el uso de nuestra tecnología para apoyar al ejército de China y su autoritarismo posibilitado por la tecnología, trabajando en conjunto con aliados y socios afines. Para esto, implementaremos políticas que sigan el ritmo del rápido cambio tecnológico y los esfuerzos de la RPC de combinar los usos civiles y militares y obligar a las empresas a contribuir a los servicios de seguridad e inteligencia de China.

Estas iniciativas demuestran el compromiso de Estados Unidos con los valores fundamentales y las normas que han servicio de base al sistema internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Si bien Estados Unidos no tiene interés en interferir en los asuntos internos de la RPC, Washington continuará actuando con sinceridad cuando Pekín se aparte de sus compromisos internacionales y no muestre un comportamiento responsable, en especial cuando estén en juego los intereses de Estados Unidos. Por ejemplo, Estados Unidos tiene importantes intereses en el futuro de Hong Kong. Aproximadamente 85.000 ciudadanos estadounidenses y más de 1.300 empresas estadounidenses están establecidos en Hong Kong. El presidente, el vicepresidente y el secretario de Estado han instado en reiteradas oportunidades a Pekín a respetar la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984 y a preservar el alto grado de autonomía, estado de derecho y libertades democráticas de Hong Kong, que permiten que continúe siendo un excepcional centro de negocios y finanzas internacionales.

Estados Unidos está ampliando su papel como nación indopacífica que promueve la libertad empresarial y la gobernabilidad democrática. En noviembre de 2019, Estados Unidos, Japón y Australia lanzaron la red “Blue Dot” para promover la infraestructura de alta calidad construida con financiamiento transparente, por medio del desarrollo impulsado por el sector privado en todo el mundo, lo cual se sumará al casi billón de dólares de inversión directa de Estados Unidos solo en la región del Indopacífico. Al mismo tiempo, el Departamento de Estado emitió un informe de avance detallado sobre la implementación de nuestra estrategia del gobierno en su totalidad para la región del Indopacífico: “Un Indopacífico libre y abierto: Promoción de una visión en común” (A Free and Open Indo-Pacific: Advancing a Shared Vision).

Conclusión

El enfoque de la Administración con respecto a la RPC refleja una profunda reevaluación sobre cómo Estados Unidos entiende y responde a los líderes del país con mayor población del mundo y la segunda economía nacional más grande. Estados Unidos reconoce la competencia estratégica de largo plazo entre nuestros dos sistemas. Mediante un enfoque del gobierno en su totalidad y guiado por una vuelta al realismo basado en principios, como se articuló en la Estrategia de Seguridad Nacional, el Gobierno de Estados Unidos seguirá dedicado a proteger los intereses estadounidenses y promover la influencia estadounidense. Al mismo tiempo, continuamos abiertos a la posibilidad de una interacción y cooperación constructivas y orientadas al logro de resultados por parte de China, en las áreas en las cuales nuestros intereses se encuentran alineados. Nos mantenemos en contacto con líderes de la RPC de una manera respetuosa, aunque muy clara, interpelando a Pekín a cumplir sus compromisos.


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
Novedades por correo electrónico
Para suscribirse a novedades o acceder a sus preferencias, ingrese abajo su información de contacto.