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Acerca de la propaganda obscena del Partido Comunista Chino

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Departamento de Estado de Estados Unidos
Declaración para la prensa
Secretario de Estado, Michael R. Pompeo
6 de junio de 2020

 

El insensible aprovechamiento que realiza el Partido Comunista Chino de la trágica muerte de George Floyd para justificar su negación autoritaria de la dignidad humana más básica pone al descubierto sus verdaderas intenciones una vez más. Al igual que ocurre en las dictaduras a lo largo de la historia, ninguna mentira es demasiado obscena si sirve a la avidez de poder del Partido. Esta propaganda ridícula no debe engañar a nadie.

El contraste entre Estados Unidos y el Partido Comunista Chino (PCC) no podría ser más marcado.

En China, cuando se quema una iglesia, el ataque casi siempre ocurre por órdenes del PCC. En Estados Unidos, cuando se quema una iglesia, el gobierno castiga a los autores y es el gobierno el que trae camiones hidrantes, agua, ayuda y contención a los fieles.

En China, las milicias aporrean a manifestantes pacíficos desde Hong Kong hasta la Plaza de Tianmén por el mero hecho de expresarse. Los periodistas que escriben sobre estos actos indignos son condenados a largas penas de cárcel. En Estados Unidos, las autoridades de aplicación de ley, tanto estatales como federales, llevan a los agentes insubordinados ante la justicia, son tolerantes de las manifestaciones pacíficas al tiempo que detienen actos vandálicos y de violencia, y ejercen el poder de manera acorde con la Constitución para proteger la propiedad y la libertad de todas las personas. Nuestra prensa libre da cobertura al espectro completo de acontecimientos, para que el mundo entero pueda verlos.

En China, cuando médicos y periodistas advierten sobre los riesgos de una nueva enfermedad, el PCC acalla a estas personas y las hace desaparecer, al tiempo que miente sobre las cifras totales de muertos y la magnitud del brote. En Estados Unidos, valoramos la vida y creamos sistemas transparentes con el fin de tratar, curar y costear —en mayor medida que cualquier otra nación— soluciones a las pandemias en beneficio del mundo entero.

En China, cuando los ciudadanos tienen opiniones diversas de las que impone el dogma del PCC, el Partido los encarcela en campamentos de reeducación. Y cuando las personas —como aquellas en Hong Kong y Taiwán— con un pasado común como civilización milenaria y admirable eligen la libertad, esa libertad es avasallada y se subordina a la población a los arbitrios y exigencias del Partido. En Estados Unidos, en cambio, incluso en un contexto de disturbios imprudentes, demostramos nuestro firme compromiso con el Estado de derecho, la transparencia y los derechos humanos inalienables.

En los últimos días, Pekín ha demostrado su desprecio constante por la verdad y su indiferencia por la ley. Las acciones propagandísticas del PCC, que procuran equiparar la actuación de Estados Unidos tras la muerte de George Floyd con la negación constante de los derechos humanos y las libertades básicas por el PCC, deben ser vistas por lo que son: nada más y nada menos que un fraude.

Hasta en los períodos más favorables, la RPC impone el comunismo de manera despiadada. Ante los desafíos más difíciles, Estados Unidos responde asegurando la libertad.


Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés.
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